La sonrisa de Capdevila


De verlo tanto en los vídeos, con esa cercanía suya, con esa naturalidad de contar la crianza, su manera ingeniosa de relatar las peripecias del día a día, Capdevila se acercó a nosotros para hacernos la vida mejor. Hasta el punto de que aunque sabíamos de su enfermedad parecía que en él nada era suficientemente grave. Por eso ayer, cuando conocimos la noticia de su fallecimiento, a los 51 años, nos quedamos descolocados, tristes, pese a que la mayoría no lo conocíamos personalmente. Pero nos transmitía la autenticidad de la buena gente, lo que los buenos tipos hacen sin esfuerzo, usando, como decía él, solo dos sentidos muy bien aguzados: el común y el del humor. Así nos lo contó en YES, en una entrevista magnífica que le hizo Ana Abelenda, en la que consiguió reflejarlo como un ser tan normal que resultaba excepcional. Y en la que una detrás de otra fue dando frases para enmarcar cuando los hijos nos superan. Lo sabía bien él, que con 4 en casa, bromeaba con que su hogar era una constelación en evolución permanente. «Un padre -contaba- es como un GPS que dice rotonda-gire a la derecha-tome la segunda salida, porque si el hijo no sabe y el padre no sabe, ¡imagina!». «A mis hijos les encanta reírse de mis fracasos. Esto tiene su lado bueno, yo también puedo vacilarlos a ellos». Él nos reveló también que los padres perfectos son de mentira. Qué gran verdad, Capdevila, como el recuerdo de tu sonrisa.

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