Ayer, justo cuando se cumplían dos semanas de la desaparición de Diana Quer, su padre clamó en una entrevista en el plató de Susanna Griso contra el periodismo amarillista, contra el periodismo que desinforma, contra el periodismo que se entromete en todo aquello que no es puramente la investigación. El padre de Diana Quer lo hizo mirando a cámara, pidiendo a los medios de comunicación que focalicen en todo lo que sea exquisitamente informativo y de ayuda para encontrar a su hija, no en otras cuestiones. Desde el primer día de la desaparición de Diana, sus padres decidieron exponerse voluntariamente con el objetivo de dar todo tipo de detalles sobre la desaparición. La madre fue la primera que habló a los medios de un «gitano» sospechoso; el padre confesó también que «Diana podía estar en Baleares»; su madre de nuevo hizo un llamamiento ante las cámaras por si Diana estaba retenida ilegalmente. Días después, y ante la retirada de la custodia de su otra hija, el padre de Diana volvió a dar detalles de su relación: «La situación de mis hijas era límite»; «En casa había un clima de tensión y crispación», «Recibía llamadas de socorro de mis hijas»... La desesperación puede hacer distorsionar la realidad y el sufrimiento a deformar los acontecimientos, pero culpar a los medios cuando se salpica a diario la información y se acude maquillado a un plató resulta cuando menos contradictorio.