La ley del silencio

Beatriz Pallas ENCADENADOS

TELEVISIÓN

24 abr 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

No leer. No hablar. No escuchar. Todo aquel que no pueda seguir al día las nuevas tramas de Juego de tronos y tenga previsto seguir avanzando por la convulsa historia de los Siete Reinos debe convertirse en eremita a partir de mañana y rehuir todo contacto humano si no quiere que, al doblar cualquier esquina, un comentario le desvele mucho más de lo que ansía saber.

El principal sostén de las series, y muy especialmente el de la más mediática de los últimos años, reside en enfrentarse a lo inesperado y ese convencimiento, aplicable ya a todas las ficciones, se ha transformado en una norma tácita de urbanidad de nueva generación: no está bien visto destripar tramas y, menos aún, desenlaces.

La diversidad televisiva y el consumo a la carta ha abierto un panorama de autonomía muy prometedor, pero obliga a contener la costumbre social de comentar la jugada al día siguiente. Hablar ahora sobre series es un rito litúrgico entre congéneres en el que no se ha determinado cuánto tiempo ha de durar la ley del silencio para poder comentar con libertad o escribir reseñas sin los pertinentes avisos y vade retro: «Si no ha visto los capítulos anteriores, ¡no siga leyendo! Es por su bien».

Así pues, ¿cuándo acabará ahora el plazo de cortesía para valorar el destino que ha de correr Jon Nieve sin rodeos ni eufemismos, para acabar de aceptar el duelo o festejar su resurrección? ¿A que algún canal en abierto la estrene de madrugada dentro de unos años y la vean cuatro? ¿A que concluya la serie?