Si no hipnotiza, ¿qué pasa?

Sandra Faginas Souto
Sandra Faginas MIRA Y VERÁS

TELEVISIÓN

Al día siguiente del estreno de 1, 2, 3 hipnotízame, el nuevo show de Antena 3, los corrillos se relamían desarmando los entresijos del espectáculo que lideró como pocos esa noche: que si un actor de terceras nos la metió doblada fingiendo la hipnosis, que si a estas alturas de siglo es imposible que alguien se crea este tipo de curanderos televisivos, que si a Mario Vaquerizo se le notaba de lejos que tenía el guion sabido, que si El Cordobés se pasó tres pueblos con su exageración... Cada espectador hizo su versión comentada de lo que sin duda fue un éxito rotundo, como aquel de los setenta de José María Íñigo, porque finalmente de lo que se trata en este tipo de espacios es de entretener. Eso tan difícil de hacer y tan poco valorado por los críticos, pero tan necesario para la audiencia.

Cualquiera que tuviera ese día un niño alrededor entendió a la primera lo que supuso la emoción de ese paripé programado de la misma manera que con siete o diez años se nos quedaban los ojos clavados en aquella cucharilla doblada de Uri Geller o en los mejores trucos de magia de Juan Tamariz. Los niños se pusieron como locos, echándose las manos a la cabeza, corriendo alrededor del sofá, muertos de risa nerviosa y con una credulidad que aplaudieron los padres en esa suerte de Inocente, inocente, que viene a ser este show. Con esa magia que ofrece la televisión, ¿importa algo que tenga truco?