Si dentro de unos años miramos hacia atrás con nostalgia y queremos colarnos en el Ministerio del Tiempo de esta época no sabremos muy bien a qué casa ir. Porque en todas se está cociendo lo mismo. Las puertas de la tele se han abierto a este formato -ya insoportable- de cederle la cama, el sofá, la cocina y el cuarto de baño al invitado. Que está muy bien verlos descontextualizados, pero con que haga uno el papel de anfitrión es suficiente. Ahora, al parecer, lo que quieren en Mediaset es darle un toque de color y que las Campos cedan su mansión a un nuevo show al estilo de Bertín, solo que con cambio de familia. Es decir, sustituir a los Osborne por las Campos, con todo lo que ellas dan de sí, ya sea incorporando a Bigote Arrocet o a Rociito, que es como una hija más de María Teresa. Tal vez sea una buena forma de dar a conocer la mansión, que según ha confesado la periodista en una revista, quiere poner a la venta ahora que vive en pareja y le sobra espacio. Sea por eso, o porque realmente hay que llenarlo, lo que no pueden hacernos a los espectadores es convertirnos en agentes inmobiliarios, porque acabaremos por conocer todos los metros cuadrados, menaje y características de cuanta vivienda hay. Con lo sencillo que era antes, cuando uno cogía al invitado y le empezaba a preguntar. Tengan ojo, si les timbran no abran la puerta. Es la televisión.