Comerse el mundo

Beatriz Pallas ENCADENADOS

TELEVISIÓN

27 ene 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Esto no es un programa de cocina. El xef responde a la moda de la televisión culinaria, pero el espacio que Cuatro dedica a David Muñoz es un documental sobre lo que se cuece en uno de esos restaurantes en los que la mayor parte de la gente no comerá jamás; un biopic largo sobre un adicto al trabajo con jornadas de 8 A.M. a 3 A.M., dispuesto a comerse el mundo y chuparse después los dedos.

El xef es, como su protagonista, difícil de encasillar. La telerrealidad ha acostumbrado el ojo del espectador a ver zánganos en busca de fama rápida, de modo que observar a alguien esforzándose resulta una excentricidad en la programación. Dilatar su trayectoria a lo largo de cuatro capítulos, cuatro, también supone un lujo poco habitual para los minutos de prime time. Para establecer una proporción histórica, la serie de Discovery Max Dentro de la Segunda Guerra Mundial constaba de tres episodios.

Sería lógico pensar, entonces, que se trata de un publirreportaje patrocinado sobre el cocinero que aspira a inventar la cuarta estrella Michelín, pero tampoco encaja El xef en ese patrón. La imagen que de él ofrece, con su falta de modestia y el despotismo hacia sus trabajadores, no arroja un retrato inmaculado distorsionado por el Photoshop, sino la estampa llena de claroscuros de alguien que ha nacido con un don y para quien solo la perfección se diferencia del fracaso.