Y Michael Jackson resucitó

Beatriz Pallas ENCADENADOS

TELEVISIÓN

30 dic 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Las bromas, como la sal, deben usarse con moderación, según previno hace veinte siglos el poeta Juvenal. Tal vez por eso, por el parche de la contención, el programa Inocente inocente ha conseguido convertirse en un clásico de la programación de piñón fijo de la Navidad. Las bromas de esta gala, que cada año desde hace veinte mete en un brete a famosos que siempre sonríen ante la cámara al saberse timados, quedan aplacadas por el carácter solidario del programa. Cuando Cuatro intentó hacer bromas similares con cámara oculta en Ciento y la madre no pasó del cuarto programa.

Inocente inocente se confirmó el lunes como una cita solvente de la programación festiva con momentos que resultan ingeniosos para el que observa desde fuera. Otra cosa será el trago que se pasa desde dentro en aprietos como el de la actriz María Castro, que descubrió en la consulta de un médico chino que los pelirrojos como ella no pertenecen a la raza humana, sino a una especie de reptilianos alienígenas. Por muy buena actriz que sea, su cara era más fruto del pánico real de sentirse atrapada en una secta que del método Stanislavski. Tan auténtica como la frustrada ilusión de Abraham Mateo al conocer a un Michael Jackson que resucitó de entre los muertos solo para oírlo cantar a él o como el trance de un Carlos Sobera bajo de defensas al que hicieron cargar con una amante que no era suya.