Otro concurso sin más

Sandra Faginas Souto
Sandra Faginas MIRA Y VERÁS

TELEVISIÓN

Alos que no somos jugadores y nos gusta la tele la palabra concurso, sobre todo si va antepuesta del adjetivo nuevo, nos da urticaria. De un tiempo a esta parte los dos vocablos unidos suman lucha de contrarios y no suelen funcionar. ¿Un concurso otra vez? ¿Puede haber un concurso nuevo? La prueba la hemos tenido el domingo en La Sexta con ¿Y tú qué sabes?, en un esforzado intento de desatascar a la cadena de su línea política ahora que es Navidad. Y durará lo que el turrón, pese a los intentos de engancharnos desde casa. Porque más allá de constatar la ignorancia de Santiago Segura como concursante de Trivial (¡ríete tú de su ignorancia en otras lides!) el formato vuelve a plantear como cultura general preguntas del tipo «¿qué río es más largo, el Nilo o el Misisipí?». Y a ver, lo que los espectadores buscamos no es constatar la obviedad, sino la extraordinaria sabiduría de quienes tenemos delante, que es una forma exquisita de evidenciar nuestra incapacidad. En lo curioso y lo anormal está el concurso, sea para redondear el rosco en tiempo récord, sea para resolver multiplicaciones imposibles o para hornear a los seis años un solomillo Wellington. El concurso debe ser excepcional. ¡Y no cultura general! Como aquel Cesta y puntos de los setenta: «¿Cómo se llamaba el cuñado del valido de Felipe IV?». Nadie quiere concursar a ser normal.