Si aquel título del programa de José Luis Garci atraía lo mejor del cine que entonces se daba en televisión, visto lo visto en estos días pasados habría que aplicar lo mismo para lo que ha emitido la pequeña pantalla (¡qué grande!). Porque sin todo ese empeño televisivo la decisión de mañana no sería la misma. La televisión ha ido por delante en ofrecernos todas las caras de los candidatos en un despliegue que los espectadores hemos seguido con un interés mayúsculo. Si en general hay una tendencia extendida a machacar por sistema todo lo que ofrece la televisión, venga de donde venga, lo cierto es que desde cualquiera de los puntos de vista, desde el más entretenido al más ortodoxo, desde el más viejuno al más rompedor, desde un pequeño bar a un plató, lo que se ha emitido en televisión ha conseguido un aplauso mayoritario del público. Los récords de esta campaña han sido éxitos de audiencia, con un seguimiento que para sí quisieran otros medios, pero que desde luego demuestra que cuando la política se abre a otras formas se vive con muchísimo interés. Y hasta las redes sociales, muchas veces entendidas como competencia, han amplificado el poder de la televisión remando en el mismo sentido. Así que no cabe más que reconocer que «la caja tonta» ha sido la más lista y nos ha confirmado, de nuevo, que entre lo que decimos y lo que hacemos hay una gran distancia. Lo hemos visto.