Si Dani Rovira y Clara Lago estuvieron esta semana en El Hormiguero es porque mucho tiempo antes a Rovira y a Lago los espectadores los fuimos a aplaudir al cine. Si Rovira ahora es contratado para la gala de los Goya es porque antes el público lo felicitó en Ocho apellidos vascos y porque, por supuesto, lo disfrutó en esa gala del cine. Si ahora Clara repite en Ocho apellidos catalanes es porque los espectadores vimos en Amaia un encanto de mujer. Y si ahora las teles, los periódicos y las radios los siguen es por todo aquel bum que causó entusiasmo en la gente. Ese bumerán de buen rollo que proyectaron con el taquillazo les ha venido de vuelta por unas declaraciones aparentemente desafortunadas en el programa de Motos. Y «aparentemente» tiene toda la intención porque cuando uno dedica más de diez minutos en la tele a decir lo cansado que es que se te acerquen a pedir una foto no lo engañan las apariencias. Igual que cuando una se sienta ante un presentador con más de tres millones de espectadores y le suelta dos veces «siempre preguntáis lo mismo» no es inocente. Dani y Clara llevan a sus espaldas una cantidad exagerada de entrevistas como para ser inocentes a estas alturas. Un mal día lo tiene cualquiera, pero algún día también los periodistas podrían contar lo absurdo que es que te contesten lo mismo los mismos. Sin apariencias.