Alfonso Rojo y Telemadrid


No pasaba inadvertido. De hecho, sus insultos y provocaciones solo parecían buscar notoriedad. Alfonso Rojo ha logrado que su larga trayectoria periodística quede olvidada ante los desmanes de su última etapa televisiva. Ada Colau o Beatriz Talegón fueron blanco de sus irrefrenables críticas, con dardos tan poco maduros como el de que estaban «gorditas». Cristina Pedroche también tuvo espacio en la tertulia que hasta ahora presentaba en Telemadrid. Hace poco Rojo propuso con sorna a Podemos que la incluyese en sus listas para frenar su caída, un consejo que acompañó en pantalla con una foto de Pedroche en ropa interior, un nuevo episodio sexista cometido alegremente en una cadena pública.

A Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid, no le quedaba otra opción. Si quería demostrar su propósito de lograr un ente independiente, y con credibilidad, difícilmente podía mantener a alguien tan politizado, criticado y polémico como el periodista conservador. Su despido era una primera medida casi obligada.

Aún así, para probar que su celo es auténtico, Cifuentes deberá ir más allá. El anunciado retraso en el nombramiento de los nuevos consejeros del ente, con unas elecciones en puertas, invita a recelar. La oposición necesita más pruebas de que el giro no se queda en un mero cambio de caras.

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