Inteligencia artificial

Javier Armesto Andrés
Javier Armesto CRÓNICAS DEL GRAFENO

TELEVISIÓN

02 jul 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

En 1999, tras la muerte de Stanley Kubrick, Steven Spielberg decidió llevar a cabo el proyecto del director británico de hacer una película sobre la inteligencia artificial. El filme AI se estrenó dos años más tarde y tiene un gran punto de partida: el concepto de vida artificial, si se puede amar a un robot, si los robots pueden llegar a amar, qué derechos pueden tener, cómo coexistirán con los humanos... Todo ese argumento ético, moral y filosófico está perfectamente planteado y presentado en los primeros 50 minutos, y, todo hay que decirlo, con una factura irreprochable por parte de Spielberg. Pero a partir de ahí el realizador norteamericano saca su faceta más sensiblera, por un lado, y la necesidad de meter una buena dosis de efectos especiales (generados por ordenador), como exige cualquier producción hollywoodiense que se precie, y la cosa va de mal en peor. Transforma la película en un homenaje a Pinocho y se obsesiona con la idea de convertir al muñeco en niño hasta que lo consigue, en uno de los finales más postizos, edulcorados y soporíferos que se recuerdan.

Spielberg vuelve ahora  como productor de Extant, una serie para la CBS que acaba de empezar a emitir La Sexta. También hay un niño robot, y podría dar la impresión de que la trama comienza justo donde AI dejó de ser interesante. Pero el guión parece un batiburrillo de esa película, 2001 y El sexto sentido, y los protagonistas, Hale Berry y Goran Visnjic (el doctor Kovacs de Urgencias), no son creíbles. Una astronauta y un científico que diseña robots no pueden ser como la familia feliz de Los problemas crecen. Al final, en las películas de androides lo que menos encaja son los humanos.