La verdad que nos estremeció


El momento televisivo del día lo protagonizó ayer un fiscal francés llamado Brice Robin. Es el encargado de investigar el siniestro del Airbus 320 que se estrelló en los Alpes franceses. Estremeció al mundo al revelar que fue el copiloto quién hizo descender de forma deliberada el aparato tras bloquear la cabina e impedir el acceso del comandante ausente.

La verdad, emitida en directo a todo el mundo, provocó un impacto global. Y generó dos preguntas fundamentales. La primera, quién era el hombre capaz de causar tal masacre, tuvo rápida respuesta: se llamaba Andreas Lubitz, tenía 28 años, era alemán y, al menos a primera vista, en su historial no constaban aspectos oscuros. La segunda, la fundamental, es saber por qué cometió tamaña atrocidad. Aún no tiene respuesta, pero ha provocado todo tipo de especulaciones y elucubraciones dentro y fuera de la Red.

En España la rueda de prensa del fiscal provocó aún más impacto que en otros lugares del planeta. Y no por la solidaridad con el infinito dolor de las víctimas. Sino por la extrañeza de ver a un responsable público dando la cara y respondiendo de forma transparente, comedida y elocuente. Quédense con esta frase: «No se le puede llamar suicidio cuando se tiene la responsabilidad de 150 personas».

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