¿Pero dónde están los VIP?


El dato es escalofriante para un domingo por la noche. Cuatro millones de personas se engancharon a ver Gran Hermano VIP. Ese original programa que decidió meter dentro de una casa a Los Chunguitos, Belén Esteban, Aguasantas, Olvido Hormigos y un largo etcétera de personalidades de esas a las que nada más verlas se te ocurre el adjetivo VIP. Que siguiendo con esta modalidad eslogan estilo Sálvame, no sé exactamente si son VIP naranja, VIP limón o VIP cristal, tipo fino y normal. De esa normalidad Mediaset que apela (no se me ocurre mejor verbo) a lubricar las mentes a esas horas con un hombre fornido y desnudo por si nos habíamos quedado fríos con el parón navideño de Adán y Eva. Es la selva de la audiencia, que vuelve a repoblarse con la expectación mayúscula. Y así son los datos: enormeeeees... para una cadena que ya no necesita ni hacer cástings. De hecho, no deberían molestarse en renombrar nuevos programas porque Telecinco es desde hace mucho un gran Gran Hermano en el que viven todos en amor y desamor, en el que se cruzan y se descruzan las relaciones, y en donde se abren puertas de un plató a otro plató. Seguir ese árbol genealógico es solo posible para aquellos espectadores doctos en esa telefilia. Son esos cuatro millones que saben sin tartamudear quién es Aguasantas. ¿Lo sabe usted?

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