Gallardón como Papirrín


Ojo, que la cosa está que arde. Que vamos a un ritmo trepidante, que aunque el telediario de La 1 tarde veinte minutos en decir que su jefazo ha dimitido, ya no hay parada. Como diría Pablo Motos, le estamos dando la vuelta a la tortilla a España, y el huevo se nos ha desparramao. Gallardón, Echenique, la Pantoja... y Papirrín. Todo en la misma semana. Y con ese dramatismo que le pone la tele. Que yo entiendo a Alberto, que son muchos años dentro de esa casa y ahí los sentimientos se magnifican. Que tiene que ser muy duro ver cómo esas alianzas se rompen en el límite, cuando ya creías que te habías hecho ganador. Y, claro, la presión a uno le puede. Como le pudo a Papirrín el jueves; que ya nos lo apuntó la Milá: «Papirrín se vio aislado», y eso tiene unas consecuencias dramáticas en el ser humano. Ese aislamiento es el que hizo añicos a Gallardón, porque tiene que ser muy heavy oír a tu súper silabeándote (no es un chiste) la decisión: «El consejo ha decidido que debe abandonar la casa...». ¡Uf! ¡Qué dolor verte abocado a la autoexpulsión! Gallardón es ahora a la política lo que Papirrín a GH. Un exconcursante que cuando pasen los años nadie recordará. ¿Alguien se acuerda del primer expulsado? ¡Ay! SuperSoraya le ha puesto la pierna encima, y con Rajoy y el Rey en el extranjero la casa está en sus manos. Yo de Alberto, a lo popular, lo contaría ya todo en Sálvame.

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