La cocina como gran estímulo en las aulas

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05 ene 2014 . Actualizado a las 13:10 h.

A casi nadie le sorprende que una guardería tenga un taller de galletas en el que los pequeños hacen mucho más que comerse el resultado. Casi todos los centros educativos cuentan con una o varias sesiones al mes, o incluso a la semana, en la que se permite a pequeños de poco más de dos años amasar o modelar rosquillas, como sucede en centros de Arousa, Lugo, Laín, o la localidad coruñesa de As Pontes, entre otros muchos lugares. «Nos demandaban continuamente este tipo de actividades y no solo porque entretienen a los pequeños, sino porque realmente les aportan algo más, les estimulan mucho», pone como ejemplo la directora de contenidos socioculturales de la Fundación Novacaixagalicia.

Los educadores apuntan que cocinar, aprender a servir o a poner una mesa enseña normas de convivencia con más eficiencia que los consejos que cada día se pueden dar en la mesa. «Los niños se sienten parte de algo, autónomos y notan como una gran recompensa los elogios a los platos o comida que preparan para ellos o para los suyos, es una buena manera de enseñar», razona una pedagoga para la que la cocina debería convertirse en un aula más en los centros escolares. Algo que en la Fundación Novacaixagalicia ya desarrollan desde hace años en su sede de Vigo, donde imparten los cursos más completos.

Otras aulas, como la de una guardería del barrio coruñés de Mesoiro, adopta desde hace años la filosofía de hacer partícipes a los pequeños de las actividades relacionadas con la mesa. Ellos solos van a buscar su bandeja de comida, hacen sus propias versiones de los platos y, finalmente, se las comen sin que nadie tenga que insistir.