Llega la otra «Dinastía»

Luís Pousa Rodríguez
Luís Pousa REDACCIÓN / LA VOZ

TELEVISIÓN

El clan de los Robertson, ataviados para salir de caza por los pantanos de Luisiana.
El clan de los Robertson, ataviados para salir de caza por los pantanos de Luisiana. bio< / span>

Bio estrena «Duck Dinasty», un «reality» sobre una peculiar familia de cazadores de Luisiana

15 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

No es aquella Dinastía ochentera en la que Joan Collins exhibía el brillo de sus lifting y sus malévolos contoneos. Aquí también hay una familia de multimillonarios norteamericanos en pantalla, pero en esta otra Dinastía, Duck Dinasty, los mandamases, no lucen gemelos, sino chalecos de camuflaje, greñas y barbas a lo ZZ Top. Son los Robertson, un clan de Luisiana que se ha hecho multimillonario con su fábrica de reclamos para patos. Les gusta cazar, deambular por los pantanos de Luisiana y moverse entre seres salvajes. El reality con sus andanzas llega ahora a España de la mano de Bio (sábados, 22.30 horas).

En su estreno el pasado fin de semana ya pudimos ver cómo se las gastan los Robertson en la distancia corta. Los menos avispados del clan deciden, en un momento de vagancia, inundar el muelle de carga de la fábrica para liberar en el improvisado pantano unos patos rescatados de una tienda de mascotas. Mientras los inocentes barbudos disfrutan de su nuevo estanque y los patos chapotean, llega a bordo de un coche sospechosamente parecido a un tanque el mismísimo Willie, la cabeza pensante de la empresa y de la familia. El heterodoxo ejecutivo no tiene pelos en la lengua a la hora de retratar a su parentela: «¡No hacéis nada y encima ni siquiera os puedo echar porque sois de la familia!». De propina, todos se quedan por la noche para tallar los silbatos de un pedido que tienen que enviar al día siguiente.

En otra escena asistimos al choque generacional de los Robertson. El veterano Phil, hastiado de ver a los pequeños de la casa malgastando el tiempo entre ordenadores, móviles y tabletas, los saca al inmenso jardín de la mansión y los pone a recoger las analógicas hojas muertas.

Rastrillo en mano, el indomable Duck Commander alecciona a la chavalada para que «disfrute de la creación del Todopoderoso». «Estáis en medio de la naturaleza, sed felices», ordena Phil. Eso sí, antes de ponerse manos a la obra, quiere liberar a los críos de las maldiciones del mundo digital. Le pide a uno de los muchachos que le entregue su móvil, o sea, su vida. El incauto cede el smartphone y contempla, boquiabierto, cómo Phil lo arroja de un perfecto gancho NBA al quinto infierno: «Este es el artefacto más diabólico que jamás se ha inventado». «Soy un tipo low-tech en un mundo hi-tech, ese es mi problema», zanja Phil, mientras el chaval, mudo de espanto, ve cómo vuelan por los aires sus contactos, su WhatsApp y su tecnológica adolescencia. Duck Dinasty en estado puro.