Cuando el futuro se prevé turbio, tendemos a refugiarnos en el pasado, porque la incertidumbre es nula. La prueba, la moda de series históricas como Los Borgia, la apuesta de Cuatro para compensar los excesos de Spartacus -vamos, que no son Los Orgía, como alguno esperaba- una sobredosis de curas, con un espléndido Jeremy Irons en el papel del valenciano Rodrigo Borgia, el manipulador patriarca de la corrupta familia que dominó Roma en el Renacimiento.
Probablemente, habrá quien vea en la serie a unos Tudor con menos chispa y sin el trasero de Rhys Meyers, no en vano la producción es también de Michael Hirst, claro que, si cierran los ojos, también pueden escuchar al doctor House. Cosas del doblaje. Pero no dejemos que el rigor, ni siquiera el histórico, nos estropee un buen espectáculo, es ficción y no un documental, y disfrutemos de estos desalmados individuos, padrinos vestidos de época -no olvidemos que tanto The Family como The Godfather los escribió Mario Puzo- capaces de todo por alcanzar sus metas. Un pasado muy presente, tan presente que hasta me ha parecido ver a Pablo Motos haciendo de asesino.