Los guionistas de los concursos recurren a enciclopedias, diccionarios y bases de datos, pero no siempre son infalibles
20 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Maestros, periodistas, licenciados en Historia o en Arte se encargan de redactar las preguntas que ponen en aprietos a los participantes de los concursos de la tele. Trabajan con bases de datos mastodónticas, con la Wikipedia, con las enciclopedias...
En La ruleta de la suerte no les gusta complicar el asunto. «Queremos que la gente tenga amor a las palabras, que vean la filosofía condensada en una frase», explica Enric Lloveras, productor ejecutivo de Martingala, responsable del concurso. Su equipo recurre a libros de refranes y de citas, a tomos de trabalenguas y de poesía... y también echan mano de lo que oyen por la calle, como los piropos. Después, cada panel de La ruleta se somete «a dos niveles de corrección» y Lloveras presume que son infalibles.
Meteduras de pata
Donde sí metieron alguna vez la pata fue en ¿Quiere ser millonario?, y eso que buscaban la respuesta correcta en la enciclopedia británica o la Larousse. «Había que comprobar que las otras tres opciones eran imposibles. Por ejemplo, preguntábamos por Adiós, que es un pueblo navarro, pero teníamos que asegurarnos de que existe el mismo nombre en las otras tres provincias que ofrecíamos». De buscar y corregir se encargaban ocho periodistas.
Sin rubor reconocen los guionistas de Saber y ganar de alguna que otra metedura de pata, contadas, eso sí. «Una vez preguntamos qué selecciones nacionales habían ganado más veces la Copa América. Eran Argentina y Uruguay, pero pusimos Paraguay por equivocación. Al cabo de unos días recibimos una carta del embajador uruguayo en Corea pidiéndonos que enmendásemos el error, porque el fútbol era allí una cuestión nacional. Y lo hicimos en otro programa», recuerda Óscar, uno de los diez guionistas que nutren de preguntas el programa.
En el programa Pasapalabra tiran de diccionario, aunque como reconoce Jacob Hernando, el coordinador de guión del concurso, otras veces las cuestiones nacen «del ingenio personal» o de una conversación en torno a un café.
A menudo las respuestas son más imaginativas que las preguntas, como la de aquel universitario que calculó que la torre de Pisa debía medir «trescientos y pico metros», cuando es seis veces más pequeña. Claro que no es lo mismo jugar desde el sofá que ante la cámara.