Wyoming: «Me asusté cuando pintaron insultos en mi casa»

Irene Perezagua MADRID/COLPISA.

TELEVISIÓN

El «showman» cumple cinco temporadas al frente de «El intermedio»

26 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Incisivo, sin pelos en la lengua y demostrando que su envidiable verborrea no forma parte de ningún guión. Lo que se ve en la tele, es lo que hay en el caso de El Gran Wyoming. Desde hace ya cuatro años conduce El intermedio , un espacio que emite La Sexta de lunes a jueves y que se aprovecha de la mordacidad del madrileño para diseccionar la actualidad a golpe humor.

-Quinta temporada, más de 600 programas... Tal y como está el panorama, ¿se imaginaba que iba a llegar tan lejos con el programa?

-No. Es más, creía que íbamos a durar media temporada. ?Me siento afortunado de conducir un espacio así y me encanta que sea en directo. No te puedes relajar. Es como la montaña rusa. Aunque subas veinte veces, nunca te puedes tomar un yogur mientras tanto. Es emocionante.

-Pero reconocerá que es un programa que en otras cadenas quizás no podría darse tal y como está estructurado. La línea editorial se hace notar...

-Puede ser. Lo que está claro es que el humor blanco siempre es mucho más asequible en la televisión. Pero lo curioso que ocurre con nuestro programa es que los espectadores que se van incorporando poco a poco se fidelizan mucho.

-Ya le ocurrió algo parecido con «Caiga quien caiga»...

-Sí, cierto. Estuvo en cuatro ubicaciones distintas porque no encajaba, pero al final duró siete temporadas. Y hubiera durado más si no fuera porque lo quitaron.

-¿Ya sabe por qué lo hicieron?

-Qué va. Aún no lo sabemos. Estaba por encima de la media de audiencia de la cadena. No hay quien lo entienda y nadie lo ha explicado todavía.

-Lo cierto es que luego se ha querido reeditar el éxito del programa, pero no se ha conseguido. ¿Qué le parecieron las otras versiones que hicieron La Sexta y Cuatro?

-Me parece lícito que lo hayan intentado. Me acuerdo de cuando me mostraron el original, la versión argentina, me pareció un programón. Encajaba en el gusto que yo tenía de la televisión.

-¿Pero a qué achaca que los espectadores solo hayan seguido de manera masiva el programa que condujo usted?

-A que sin querer las posteriores versiones se mentalizaban como subproductos. Quizá al ver la reedición del formato a la gente les sonó a segundas partes, como pasa con las películas. Y probablemente El padrino solo ha aguantado tres tomas realmente buenas.

-Precisamente han fichado para una sección de «El intermedio» a un ex hombre de negro, Gonzo. ¿Qué buscan con su incorporación?

-Sobre todo reporterismo de calle. Preguntar cuestiones incómodas a los políticos, por ejemplo. En definitiva, algo para lo que yo no valgo. Me muero de vergüenza. Me impone mucho la política y encima sé que luego te hacen pagar un precio.

-Le ha pasado factura decir lo que piensa.

-Sí, y puede resultar peligroso. Me asusté cuando pintaron la puerta de mi casa con insultos. Tengo hijos y eso asusta un poco. Aunque reconozco que este tipo de programas que hago escuecen. Y tengo la suerte de que siempre me lo ofrecen a mí. ?Está bien porque así siempre tengo trabajo.