Perdedores

Miguel Anxo Fernández

TELEVISIÓN

11 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

El británico Mike Figgis no volvería a dar en la diana con las maneras rotundas de Leaving Las Vegas , durísimo retrato de dos ángeles caídos, un guionista fracasado y solitario, sin familia ni amigos, que viaja a Las Vegas dispuesto a morirse de un coma etílico, y una prostituta que se alquila para subsistir. Perdedores con motivos para sacarse de en medio, aunque ella, Sara, que es quien nos cuenta la historia de Ben, el hombre al que conoció y acompañó en su descenso a los infiernos, no comparta tanta desolación. Figgis no se anda con chiquitas para retratar la otra cara del glamuroso Hollywood, con una estética sucia, de tono próximo al documental, que hace grande a la película pese al tiempo transcurrido.

En parte porque Figgis es un apasionado de la cámara y así lo confirma su manera de usarla, en las antípodas del formalismo canónico. La colorista Las Vegas que otros cineastas eligen como sinónimo de la Norteamérica ligera y festiva, es aprovechada por Figgis para proponerla como todo lo contrario a partir de la novela de John O'Brien, que el propio director llevó a imágenes en clara coherencia con la película, cine de autor al modo más puro, a la que incluso añade música de jazz de cosecha propia, jalonada por atinadas canciones de Sting. Que una historia de amor tan desgarrada entre una mujer buena y un hombre arruinado haya llegado a las puertas de Hollywood, colándose en los Oscar, fue otro triunfo personal de quienes apostaron por una película que es mucho más que otra de alcohólicos.