«Jamás puse en riesgo mi vida por un reportaje»

TELEVISIÓN

Ha estado sin comer y viviendo en la calle para contar su experiencia en el programa de Cuatro «21 días»

25 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Cuatro ha encontrado un formato de actualidad que ha conectado con el público. En 21 días, la periodista Samanta Villar ha pasado tres semanas viviendo a la intemperie, en las chabolas de un poblado gitano, o sin probar bocado. Todo ello, para ofrecer una mirada sobre problemas sociales de gran magnitud desde una óptica personal, no exenta de ciertos riesgos.

-¿Cómo eligen los temas?

-Siempre buscamos temas sociales, e intentamos elegir aquellos en los que podemos dar una mirada diferente. Vivir las cosas en primera persona nos permite abordarlos desde otra óptica. Los temas no son nuevos, sí la manera de presentarlos. El periodismo de proximidad parece que ha conectado bastante bien con el espectador.

-En algunos de los programas emitidos, como ha sido el caso de las tres semanas que pasó sin comer, vivió situaciones que podían afectar a su salud. ¿Cómo controla este riesgo?

-Nosotros antes de cada reportaje mantenemos reuniones con especialistas y optimizamos siempre la seguridad. El equipo siempre está controlando que no pase nada. Son situaciones que se pueden ver como límite, pero estamos asesorados. En el caso de los trastornos alimentarios tenía controles médicos regulares. Jamás puse en riesgo mi vida por un reportaje.

-De todas las experiencias que está viviendo, ¿cuál le ha marcado más?

-Para mí cada reportaje es una vivencia, una aventura... no tengo uno favorito. En los que me ha costado más volver a la rutina después de grabarlos han sido en los que he visto el sufrimiento de los personajes a los que vamos entrevistando, como en el caso de la gente sin hogar, o las anoréxicas.

-Después de hacer los reportajes, ¿ha cambiado su visión sobre los temas que trata?

-Totalmente, y voy aprendiendo para mi vida personal. Intento hacer un trabajo objetivo y las preguntas lo más neutras posibles, pero en la propia convivencia se crea un clima de confianza que hace que afloren tus opiniones. Siempre acabo con una imagen distinta de la que tenía, como en el caso de las anoréxicas. Al principio culpabilizaba a la víctima. Tenía la impresión de que una chica deja de comer por una decisión personal y no era consciente de los graves problemas psicólogos que hay detrás. También me pasó con la gente que vive en la calle, y llegas a entender su miedo al rechazo, porque lo han perdido absolutamente todo.