BASILIO MARTÍN PATINO
10 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.Basilio Martín Patino ha conseguido llevar su cine más allá de los círculos especializados. Impulsor de una obra al margen de los canales comerciales, entre su dilata trayectoria descansan obras como Nueve cartas a Berta o Canciones para después de una guerra, filmes de visión obligatoria. La seducción del caos, de 1991, será uno de los títulos que se proyectarán estos días. -Fue el impulsor de las «Conversaciones de Salamanca», en 1951. ¿Son un mito o realmente fueron tan importantes? -Fueron significativas. Era la primera vez que, tras la Guerra Civil, se reunía gente de diferentes contextos políticos para tratar los problemas del cine y hacer una especie de protesta. Hicimos un manifiesto y funcionó muy bien; todo el mundo estaba deseoso de eso. Tuvimos muchas adhesiones. -Al referirse a usted, siempre se habla de sus problemas con la censura -A mí, tras Nueve cartas a Berta, ya me ficharon. Nos miraban con lupa, pero nos lo tomábamos como una competición deportiva, como un juego de niños que sabíamos dónde pisábamos, aunque visitar los calabozos no es agradable. En el fondo, sabíamos que no nos iba a pasar nada. Los que lo pasaron mal fueron los obreros, que les pegaban y sufrían. -Uno de sus filmes más emblemáticos fue «Canciones para después de una guerra». -Se trataba de hacer una película con trozos de otras películas, noticiarios y nodos. Tenía una parte experimental de hacer cosas nuevas y me parecía muy interesante ensayar imágenes de la posguerra. Realizar aquel mundo cinematográfico fue apasionante. La película, sentimentalmente, les podía incluso a los censores, que la prohibían, pero al tiempo no la querían hacer. A veces les podía el corazón. -Va a distribuir toda su obra en Internet. -Sí, quiero que mis filmes se vean gratis en la Red, pero, por temas legales, no puedo disponer de todas. Así quien quiera que las vea. Eso me hace mucho más feliz que ganar unos dinerillos.