«¿Estás listo para más?». Con este eslogan comenzaba hace casi un decenio en Estados Unidos la popular serie de televisión Sex in the City (Sexo en Nueva York en su traducción española). Basada en la novela de título homónimo, escrita por la columnista Candace Bushnell (en cuya vida se inspira el personaje de Carrie Bradshaw), la serie conseguía convertirse en un clásico de la pequeña pantalla tras cosechar millones de fans en todo el mundo a lo largo de las seis temporadas que permaneció en antena. Ahora, dos años después de firmar su final oficial, las cuatro amigas más conocidas del globo amenazan con regresar en una versión cinematográfica bautizada como Sexo en Nueva York: La película. ?Rivalidad de actrices La idea de llevar a la gran pantalla las desventuras de las populares neoyorquinas no es una novedad. Poco después del final de la serie televisiva, en el 2004, muchos rumorearon sobre una posible adaptación al cine. El proyecto nunca llegó a cuajar debido a la rivalidad existente entre la actriz principal, Sarah Jessica Parker, y Kim Catrall, que interpretaba a la promiscua Samantha. Una enemistad que, según el blogger de ascendencia gallega Pérez Hilton, ha dado paso una tregua negociada mientras dure el nuevo rodaje. Así lo confirmaban también fuentes próximas a los estudios Warner Bros, encargados de llevar a cabo la preproducción, y el actor australiano Mario Cantone, conocido por su papel de organizador de bodas en la serie. «La película podría empezar a rodarse este mismo otoño», aseguraba hace unos días el intérprete a la agencia de noticia AP. Con más de 120 nominaciones a premios, 15 Emmys en la estantería y millones de televidentes en cada rincón del planeta, Sex in City entraba en la historia oficial de la televisión gracias a unos diálogos repletos de sexo explícito y unos personajes muy alejados del canon tradicional. Abanderadas del nuevo feminismo, sus protagonistas se convirtieron pronto en iconos de la nueva mujer moderna, capaces de calzarse unos Manolos y bajarse Martinis con la misma naturalidad con la que mantenían conversaciones sobre el tamaño del pene. Blancas, ricas y casaderas Con frases míticas como «las bolas son para los hombres lo que para nosotras las carteras. Son pequeñas pero nos sentimos desnudas sin ellas», pronunciada por Carrie en uno de sus arranques de indignación, la serie fue acusada de proteger ciertos clichés alejados de la realidad actual. «Elitista», «racista» e incluso «machista», debido a la condición de mujeres ricas, blancas y casaderas de las protagonistas, son sólo algunas de los calificativos que se han arrojado contra este hito de la cultura popular. Tampoco se les ha perdonado que al final todas acaban con una pareja, no tal vez la que consideraban ideal, pero sí una que se descubrió perfecta para cada una de ellas. ¿Ocurrirá lo mismo en la pantalla grande?