Todo está medido y calculado

Mercedes Rozas

TELEVISIÓN

Desde el momento en que Cézanne, en su afán por lograr un «arte sólido», acometiera un reduccionismo de las formas, y después que Picasso y Braque introdujeran la descomposición del cubo sobre una tela, la economía del lenguaje plástico, tanto en pintura como en escultura, fue en progreso. De estos primeros pasos hasta las intersecciones geométricas de Mondrian y el misticismo de Malevitch fue coser y cantar. A partir de entonces, la estrategia de confrontar la representación artística con la realidad, a través del orden y evitando todo subjetivismo, creó una nueva sintaxis que, como en la obra de Vítor Mejuto, se impone subrayando la neutralidad de los elementos, la minuciosa organización de las partes, injiriendo equilibrio y buscando esa imparcialidad que dejó la estela del neoplasticismo holandés. Rombo es el resultado de su último trabajo. Se apropia de la competencia entre Mondrian y Van Doesburg por el liderazgo del grupo De Stijl, fundado por ambos en 1917, cuando rivalizaban en la creación de nuevas composiciones. Como consecuencia de esta admiración, estos cuadros y esculturas -novedad en su trayectoria y claro sentido arquitectónico- hablan también de la influencia cubista, de la geometría y pureza de colores y de un entramado limpio y elegante. Escenario de espacios La línea, la perspectiva y el volumen confluyen aportando un escenario de espacios que no dan concesión al gesto ni a la espontaneidad. En la obra de este artista todo está medido y calculado, en lo que parece una reacción a la imprevisible realidad que Vitor Mejuto vive, día a día, en su faceta como fotógrafo de La Voz de Galicia. La exposición de Vítor Mejuto se puede contemplar en la galería Arte Imagen, de A Coruña, hasta el próximo 15 de marzo.