«A vida por diante» los superó a todos

La Voz M. R. | REDACCIÓN

TELEVISIÓN

10 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

A vida por diante continúa arrasando. Este martes, volvió a ser líder de audiencia con un 19,6% de cuota y 202.000 seguidores. Registros que la sitúan en el primer puesto del ránking de programas más vistos del día, superando a productos de ficción de éxito tanto nacionales como estadounidenses. La serie producida por Voz Audiovisual compitió en su franja horaria con el segundo capítulo de la nueva temporada de Los Serrano, que igualó en porcentaje a la ficción de la TVG (19,6%), pero se quedó con 197.000 espectadores; y el estreno de la tercera entrega de House, que enganchó al 17,6% de la audiencia, 182.000 personas. Pese a los duros competidores, las historias de las viudas de Sada fueron las elegidas por la mayoría de los telespectadores de la comunidad gallega durante el horario más competitivo de jornada. «Las otras producciones son muy fuertes pero es una serie que no compite en género con ninguna otra. Nuestro producto no es igual a ninguno: hay series de médicos, de policías... A vida por diante es un drama con una temática muy gallega», explica Carlos Sedes, director de la serie. A vida por diante destaca del resto de las producciones de ficción por su fidelidad a la vida real, con imágenes poco frecuentes en la televisión española de hoy en día. Se ha convertido en la primera serie gallega en tratar temas sociales de plena actualidad como los malos tratos, la mendicidad, la homosexualidad, el acoso escolar... «Me gusta mucho plantear tramas pero no implicarme en ellas, que no se conviertan en moralinas», argumenta Sedes. Son muchos los ejemplos que ilustran el esfuerzo de los productores por contar una historia creíble que se aleje de las imágenes bellas pero idílicas que muestran habitualmente otras producciones. Escenas impactantes La entrega de esta semana, titulada Miradas perdidas profundizó en el problema del acoso escolar, un tema que cada vez preocupa a más padres y profesores gallegos. En una de las escenas, Mila, una niña de 11 años, era obligada por sus compañeros a abrir la boca y comer lombrices. Una secuencia muy impactante que los espectadores pudieron ver en una grabación del teléfono movil del agresor. La vida misma. El capítulo reflejaba la desesperación de la madre de Mila (Lucía); la impotencia de la amiga (Ali); y la rabia y decepción de la familia del niño agresor.