Caído del cielo

TELEVISIÓN

EN TINTA CHINA | O |

30 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

ESTE poeta sabe triste. Es una misa negra, Rimbaud de Castilla. Su palabra limita con la muerte. Pero es grande como la pérdida. Sólo por sus Geórgicas de El libro del frío merece el Cervantes. Hijo huérfano al año de un padre que fue poeta modernista de un solo libro, le escribe a su madre: «Pasa tus manos grandes por mi nuca todos los días para que no vuelva la soledad». Hay poetas en cascada (Neruda, Bolaño, Rojas...). Otros ahorran palabras, esa ganga del alma. Gamoneda no enumera. Borra, pariente de Valente. La herida es un sentimiento. Él lo sabe. Y lo traduce en blues castellano. Perder es una ética. Soñar, difícil. En sus últimos poemas entra al fin la luz blanca, la de su nieta Cecilia. De la generación del cincuenta sólo tiene la fecha. Ahora escribe unas memorias en prosa, que se paran a los 14 años. Después para qué. «Cuando me pongo los pantalones, me quito la libertad». Fue recadero para un banco. La escritura de Gamoneda suena a laúd. Y, si fuera una fruta, sería un pomelo. Amargo, como muchas veces, se pone la vida. Tiene vocación de provincia. Y escribe espirituales como se crece y se muere: solo ante la nieve.