Hubo más palabras que música, y eso no está bien en el día elegido precisamente para rendir justo homenaje a una orquesta que alcanza su primera década de vida. El protagonismo debió haber sido para los profesores del conjunto y para sus directores, sin olvidar a las personas que han contribuido con su trabajo a enderezar el rumbo de un proyecto que nació bajo el signo de la polémica, y que hoy es una realidad incontestable, beneficiosa para la sociedad gallega. Entre éstas, se me ocurren algunos nombres: Maximino Zumalave, Silvia Modia y Xosé Denis -que ha vuelto, seguramente, para hacer cosas-. Y por supuesto Xerardo Estévez, que tuvo la feliz idea y los redaños para llevarla a cabo. El viernes, en el aniversario de la Real Filharmonía, sobraron discursos grandilocuentes, seguramente motivados por la presencia de un presidente, Pérez Touriño, que se ha declarado melómano, pero que de momento no ha hecho nada importante por la música: ¿será cuestión de tiempo? Por cierto, al homenaje sólo se sumó la plana mayor socialista (Sánchez Bugallo, el delegado del Gobierno, ...). Ningún representante de Cultura (BNG). ¿Es que de verdad tenemos dos Gobiernos? ¿La música clásica no es cultura? Estaba Beiras, pero iba por su cuenta; porque a él, de verdad, le gusta la música. Lo que debió haber sido un gran concierto se quedó en un par de piezas: Saturnal , del fallecido compositor coruñés Manuel Balboa, obra compuesta para el programa inaugural de la Real Filharmonía, y la beethoveniana obertura de Egmont, un drama heroico que refleja la lucha de los Países Bajos españoles por su emancipación en el siglo XVI. Justo antes de que se interpretase, como emotivo colofón, el himno gallego. Su autor, Pascual Veiga, murió hace ahora 100 años. A Zumalave le correspondió dirigir Saturnal, meditación melancólica para orquesta, una pieza en un solo movimiento de carácter onírico en la que destaca la sutileza en el empleo de los recursos tímbricos. Ros Marbá, el titular catalán de la formación, que improvisó unas palabras en gallego, se encargó del resto: la obertura Egmont sonó compacta y contrastada, con los distintos episodios dramáticos que evoca bien ilustrados, dejando a todos con ganas de más. En estos casos, la gente suele preferir la música a los discursos políticos; esa fue la impresión general. Enhorabuena a la orquesta, y que cumpla muchos más. Auditorio de Galicia. Real Filharmonía de Galicia. Maximino Zumalave, Antoni Ros Marbá, directores. Obras de Beethoven y Balboa.