El mito del cine galo, Claude Chabrol, desembarcaba ayer en Berlín, con una reflexión acerca del poder en clave de tragicomedia, protagonizada por su incondicional Isabelle Huppert. «El poder corrompe, a la vez que embriaga y es imposible resistirse a él», explicaba en la Berlinale el casi octogenario director. Para demostrarlo en L'ivresse du pouvoir , que quisiera que fuera traducido como La embriaguez del poder (y no como en inglés Comedy of power ), Chabrol confronta a una fantástica Huppert con lo que supone ir adquiriendo cada vez más poder. Encarna su musa en este filme a una incorruptible jueza que investiga un complicado caso de fraude y malversación de fondos públicos por parte de un consorcio industrial. Aunque nada más comenzar la película, Chabrol apunta que «cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia», los paralelismos con el caso del consorcio petrolero Elf Aquitaine, en el que la directiva amasó verdaderas fortunas con la complicidad de los políticos de turno durante los noventa, son evidentes. «Si usted cree que en este festival hay muchas películas sobre consorcios fraudulentos (aludiendo a Syriana), créame que en la realidad hay muchos más que películas», le espetó ayer el veterano cineasta francés a un periodista después del pase.