Iturralde

NARCISO PILLO

TELEVISIÓN

PEDRO Iturralde, del que me gustaría destacar en primer lugar que es un icono para los saxofonistas en España -al igual que lo es también Adolfo Ventas-, un intérprete que ha sabido compaginar dos estilos, el del jazz y el de la música clásica, ofreció el martes, en el Teatro Jofre de Ferrol, un muy interesante concierto, que viene a demostrar que sigue siendo el gran maestro de tantas ocasiones. Fue un concierto lleno, por un lado, de recuerdos, de homenajes como los que rindió a Edith Piaf, a Granados, a Turina, a Joaquín Rodrigo y a la música española en general. Y ello sin olvidarnos, por supuesto, del tributo que también rindió a la música de Galicia, con su Balada Galaica, versión de la popular Os barqueiros de Ribadavia , y con la emotividad que conllevó su interpretación a capela del que es nuestro segundo himno, la Negra Sombra de Juan Montes, inspirada en los versos de Rosalía. Iturralde, y así quedó patente en el Jofre, es un músico libre, que interpreta la música que a él le gusta y como a él le gusta. Según sus propias palabras, ahora ya se siente feliz porque, a estas alturas de su vida, por fin puede tocar como quiere y lo que quiere. Con el saxofón, más allá de su calidad técnica, de su virtuosismo, trata, sobre todo, de hacer cantar al instrumento, de acercarlo a la voz humana. Es Iturralde un hombre que conoce muy bien la historia del saxofón. Y desde la perspectiva que aporta el paso de todo ese tiempo, lo que trata de hacer ahora es recuperar el espíritu que animó al inventor del saxofón, Adolpho Sax, que buscaba un sonido capaz de imitar a las palabras con una gradación sonora muy extensa. Durante su actuación en Ferrol demostró que posee el don de los grandes: que la música está en su interior. Y que la técnica, para él, aun siendo la suya naturalmente magnífica, sólo es un medio para transmitir a los demás el mensaje emocional que todo arte bien construido debe comunicar.