La tele que ven nuestros vecinos

Sara Carreira Piñeiro
Sara Carreira REDACCIÓN

TELEVISIÓN

Reportaje | Un chequeo a la actual oferta televisiva La televisión en España vive una época dorada, con nuevas cadenas y la gran revolución de la TDT en puertas. Pero ¿y el resto de Europa?, ¿qué tele consume y cuánto le cuesta?

10 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Los españoles ya tenemos una nueva cadena de televisión en abierto, Cuatro. Y en unas semanas se sabrá qué grupo explotará el otro canal de televisión que otorga el Gobierno. A todo ello se suma la inminente puesta en marcha de la televisión digital terrestre (TDT), este mismo mes. La creación de nuevos canales autonómicos -la polémica Otra en Madrid y los avisos de que en Galicia se pondrá en marcha una segunda cadena pública- hace que el panorama televisivo español ande más revolucionado que nunca. Actualmente, un gallego puede ver sin pagar ni un euro siete canales: La Primera, La 2 y TVG, como públicas; Telecinco, Antena 3, Cuatro y por lo menos una cadena local, entre las privadas. Este mismo mes, si se compra el decodificador de TDT -cuesta unos cien euros- podrá sintonizar seis canales de RTVE -infantil/nostalgia, informativo, deportes, Parlamento y ciudadano- y dos de Telecinco -deportes y cine-. Esto en lo que corresponde a la situación televisiva en España, donde triunfa el fútbol (y ahora el automovilismo), las series nacionales y los espacios de entretenimiento y realities . Pero ¿cómo está el panorama de nuestro alrededor? ¿Qué televisiones ven los italianos, franceses o estadounidenses? ¿Pagan por sentarse con el mando en la mano? Lo cierto es que los europeos viven situaciones relativamente parecidas a la española, aunque con tantos matices como uno desee. En esencia, el panorama es el siguiente: los espectadores ven televisiones públicas y privadas gratuitas, aunque la oferta por cable crece cada año, mientras la TDT entra en los hogares con mucha más rapidez que en España. En cuanto a contenidos, sí mantenemos todos intereses muy similares: en Inglaterra, Suecia, Estados Unidos y Alemania triunfan las series nacionales, en Francia el futbol levanta pasiones y en Italia los realities ganan adeptos cada año. Estados Unidos Aunque obviamente no forma parte de Europa, la cercanía emocional los sitúa en el mismo entorno que nosotros. En Estados Unidos ver la televisión se ha convertido en una actividad universal y, en muchos casos, en la única fuente de formación, información y entretenimiento de una familia. El poder de la tele es tan grande que en el hogar más humilde hay cadenas por cable aunque apenas tengan para comer. Y es que en el país norteamericano lo que se ve de forma gratuita es muy poco y no interesa demasiado. Por eso, las plataformas -de cable o satélite- son muy poderosas y variadas, y hay paquetes que incluyen hasta 1.034 cadenas. Entre el 96 y el 99% de la población paga de 12 a 120 euros al mes a alguna firma, y son las Direct TV y la Time Warner Cable las más populares. La especialización es tan grande que uno puede ver desde un canal que tiene sólo música cristiana moderna hasta abonarse al llamado paquete hispano , con cincuenta cadenas en nuestro idioma, entre ellas Antena 3 y TVE. La televisión está tan fragmentada que sólo la final de la Superbowl (la liga de fútbol americano) tiene audiencias lógicas para un país que es un continente. El último partido de la Liga tiene 144 millones de espectadores y después del escándalo Jackson -cuando de forma accidental Janet Jackson enseñó su pecho durante el descanso del encuentro- todos sabemos su influencia. Es tanta su importancia que cada año lo emite una cadena diferente para contentar a todos. Después de la Superbowl, lo más visto son las series, como CSI o Mujeres desesperadas , con unos veinte millones de seguidores cada semana, cifra insignificante en el total de la población. Alemania Las antípodas televisivas de Estados Unidos están en Alemania. Los espectadores germanos ven sus cadenas públicas, porque tienen mucho y bueno: informativos, talk shows con políticos y periodistas preguntones, documentales, y series como Tatort (se graba cada capítulo en una ciudad alemana diferente, con autores de primerísima línea, y en cada episodio se resuelve un asesinato). En las privadas hay más estrenos comerciales con publicidad incluida, debates del mundo rosa y series norteamericanas. Gran Bretaña Los ingleses, por su parte, son grandes consumidores catódicos, y además de los canales tradicionales -con los que cualquier espectador exigente estaría encantado- tienen televisión por cable, por la que pagan unos sesenta euros mensuales, además del canon, que se abona como en Alemania y Suecia (ver recuadro). En las cadenas gratuitas, la tarde se dedica a la jardinería, la decoración o la cocina, mientras que a partir de las nueve de la noche, cuando los niños ya están dormidos, hay series (lo que más éxito de audiencia tiene, su majestad Isabel II incluida) y películas, programas informativos o de debate. Curiosamente, y a pesar de la gran influencia de sus colonias , se emite muy poca producción norteamericana. Francia Cruzando el canal de la Mancha la situación varía ligeramente, porque las cadenas gratuitas no tienen tanta calidad y la gente prefiere echar mano del videoclub antes que abonarse a una plataforma digital. Tal vez tenga que ver que el paquete básico no baja de los veinte euros y a poco que se consuma cine o deporte se pone en cien euros. En la tele, los galos combinan concursos ( Star academy-Operación Triunfo gusta mucho), magacines, series de producción nacional y norteamericana y documentales con el adorado fútbol -en condiciones de emisión muy parecidas a las de España- y películas, sobre todo propias. Por ejemplo, los filmes Monsieur Batignol y Astérix misión Cleopatra fueron lo más visto el año pasado tras el encuentro de fútbol Suiza-Francia. Italia Menos exigentes con lo que les ofrece la pequeña pantalla son los italianos. En este país ver las cadenas gratuitas es garantizarse un derroche de mala calidad: realities de famosos, realities de no famosos, realities de los que quieren serlo; talk shows al puro estilo Diario de Patricia, cargando las tintas en la parte más morbosa o lacrimógena de la sociedad; concursos de baile, de canto o de pericias varias. Como en España. También hay debates, pero nunca en horario de máxima audiencia. Se salvan de la mediocridad general las series y las cadenas minoritarias. En cuanto al cable, también ocurre como con alguna plataforma digital española, que hay que pagar de 22 a 60 euros para tener una programación no demasiado buena, con muchísimas repeticiones y en la que las películas más nuevas se abonan aparte. Eso sí, en la opción de pago emiten todo el fútbol de la Liga. Suecia Queda por analizar el caso de Suecia, un ejemplo de que en Europa no hay grandes diferencias televisivas entre el norte y el sur. Los suecos reciben gratuitamente (con canon) siete canales generalistas y dos temáticos (infantil y científico) de titularidad estatal, pero realmente compensa abonarse a alguna plataforma, porque son baratas (de 16 a 36 euros) y uno evita ver una y mil veces el mismo programa, algo que sucede habitualmente con la programación pública, que emite sobre todo concursos, deportes, series y películas. Las cadenas privadas se preocupan de la cuenta de resultados y ofrecen mil y un realities , a la vez que compran a Estados Unidos magacines nocturnos. Posiblemente el escaso cupo de espectadores -el país tiene sólo nueve millones de habitantes- hace que no compense un desembolso muy grande de dinero para realizar programas que nunca reunirán a más de dos millones de personas ante el televisor (el año pasado lo más visto tuvo 1,6 millones). Como se puede ver, la situación española es muy parecida a la de Italia, pero es que el espectador nacional no contempla la posibilidad de pagar un canon para tener una televisión de calidad, como indiscutiblemente son la inglesa y la alemana.