El refrito de Les Luthiers consiste en utilizar los números de toda la vida, con su humor de siempre y ponerlos antes el espectador sin nostalgia. En casi todos los sentidos, el grupo argentino ha utilizado los mismo ingredientes y la misma sartén para cocinar el espectáculo, pero le ha cambiado el aceite para que desaparezca el rancio que a veces dejan los años en estas cosas de la risa. El quinteto argentino estrenó en Compostela su gira gallega con la misma pinta de grupo vocal al que le es imposible estarse quieto y mantenerse serio. El objetivo es el humor, pero el repaso que el grupo argentino le da a su repertorio en esta gira es serio, de Warren Sánchez a Pepper Clemens, está a medio camino entre la antología gamberra y la recuperación de rarezas de las que se pierden entre el brillo de otros números. Los años pasan pero el grupo los ha asumido con elegancia, y en la transformación no se les ha ido la frescura ni las sutilezas de lo que ellos mismos denominan «humor inteligente». El concierto de esta orquesta de cámara del humor comenzó como todos los conciertos, con un poco de música de un quintento cualquiera. Una entrada rápida que dejó paso a los constantes juegos de palabras que son la base del singular humor del quintento. De manera progresiva, el grupo va recuperando las piezas que para una buena parte de los espectadores eran sólo conocidos por grabación. El humor de Les Luthiers es de los que no tiene prisa ni pausa, y al tiempo que pasean por un humor del que no se puede ver en casi ninguna televisión del mundo, el grupo hace un paseo musical que va desde los sonidos tradicionales iberoamericanos hasta el jazz, casi nada. Aunque la música sirve a la risa, se toman en serio el asunto de ir haciendo pastiches que suenen como tienen que ser, como en las orquestas de verdad.