El hijo de Barbarroja

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Capítulo/Semana XXXIX En que se narra una apasionante historia de batallas navales y cárceles flotantes que contrasta con las modestas aventuras de don Quijote y Sancho Panza

25 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Pero vamos a ver, don Quijote. ¿Por qué cree usted que en los banquetes se dicen los discursos a los postres? Para comer, hombre, para comer; que, si no, ocurre lo que a usted en su discurso de las armas y las letras, que, mientras habla, los demás se ponen morados y luego, al rematar la perorata, ya no queda nada y se levantan los manteles y entre lo que uno ha soltado y lo que no ha metido se queda más vacío que la Cidade da Cultura. El caso es que todo el mundo quedó admirado del buen sentido de don Alonso, y acabado aquel su discurso, pidieron al cristiano vestido de moro (que partir de ahora denominaremos «el cautivo») que contase su propia historia, a lo que éste accedió. Resultó ser de los montes de León, como los Prada (Amancio, A tope, etcétera). Su padre, como el Alvargonzález de Machado, tenía tres hijos y un problema: que era manirroto. Así, decidió repartir en vida la herencia para no pulírsela toda, y destinó los hijos a las tres profesiones de la época: armas, letras y comercio, es decir, guerra, iglesia y emigración. El cautivo eligió las armas y partió para Génova y de allí a Milán, donde se compró espadas y pistolas, y se unió al duque de Alba en su camino a Flandes. Fue alférez de Diego de Urbina y participó en algunas batallas hasta que Juan de Austria montó con el papa Pío V la famosa batalla de Lepanto, donde, a pesar de ganar al turco, el cautivo fue cautivo (claro que con ese nombre se veía que estaba predestinado), siendo llevado a Constantinopla y allí amarrado al banco de una galera. (Tengo para mí que Cervantes nos está contando su vida. ¿O acaso se llama el manco de Waterloo?). Entretanto, los del bando contrario, que podemos denominar los buenos, comandados por Álvaro de Bazán, apresaron a una galera llamada La Presa (¡ya te digo!) que comandaba un hijo del pirata Barbarroja, y era un personaje tan malvado que cuando los galeotes de su nave vieron ocasión, en medio de la batalla, lo trincaron y se lo fueron pasando de fila en fila pegándole bocados de forma que, al llegar a proa, ya su alma llegaba también al infierno. Se dice que entre los galeotes andaba Arturo Pérez-Reverte diciendo tacos. Por su lado, Juan de Austria tomó Túnez al moro, y allí construyó una fortaleza llamada la Goleta. El Gran Turco ante la derrota, decidió hacer paz falsamente, ya que en poco tiempo tomó la Goleta y recuperó la plaza. Entre los cristianos apresados en el fuerte se encontraba un alférez llamado Pedro de Aguilar, que además de soldado era poeta. Que resultó ser... hermano de don Fernando, el novio ex canalla de Dorotea. ¡Qué casualidad!