INTERFERENCIAS | O |
17 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.VA SOBRADO pero es listo. No alardea de lo que todos saben desde el inicio del Tour 2005, que hará su séptimo podio en París y pasará al Olimpo del ciclismo con un récord sin precedentes y a saber si por muchas décadas. Por eso, el Tour perdió expectativas televisivas. Como es habitual, desde España se dio bola a Valverde, que ganó una etapa al tejano pero ya está fuera de la carrera. Ahora tenemos a Mancebo entre los diez primeros, y los comentaristas de TVE arre que te pego sobre sus aspiraciones a estar entre los tres primeros. Quizá lo hagan para dar oxígeno a una retransmisión que ya no interesa lo que interesaba. Lance Armstrong no es simpático, es yanqui, del Sur, como Bush. Casi cibernético, con docenas de personas a su alrededor y cientos, miles de dólares a su servicio. Si sobre una bicicleta parece humano e incluso suda, lo suyo parece de otro mundo. Normal que desde la organización del Tour le hagan controles diarios en un deporte siempre bajo sospecha. Ayer despidieron los Pirineos sin apenas sorpresas, de ahí que la emoción televisiva sea un bien escaso. Se aprecian esfuerzos para hacerla atractiva visualmente (este año incluyen tomas a ras de asfalto o planos picados), pero ya no es lo mismo. Y es que en el fondo, se echa de menos a Miguelón Induráin, buen chico y capaz de hacerse querer. Lance es otra cosa.