POR AQUÍ se deseaba el triunfo del Liverpool, que entrena Benítez y además tiene en el equipo a varios jugadores españoles. Por añadidura eran los supuestos perdedores, que el Milan lucía estrellas millonarias y además tenía callo en lo de jugar finales de Champions¿y ganarlas. Resultó lo contrario y los británicos se llevaron la copa a Anfield. Magnífica noticia para ellos, modestos. Fue también una excelente noche de fútbol, de las que reconcilian con la tele. Primer tiempo, 3-0. Segundo tiempo, 3-3. Prórroga ídem. Llegan los penaltis y Shevchenko estrella el balón en el cuerpo de Dudek. Resultado decidido pese al abrumador dominio de los italianos, asfixiante durante el tiempo añadido. La Primera habrá cosechado un buen share pese a Ángel de la Casa, que no renueva su estilo ni a tiros, y al dudosamente ingenioso Michel, con sus «inteligentes» comentarios¿ Por solera y condición, una final de Champions es como el bocato di cardinale del futbol televisivo. Reduce a la condición de pigmeo a cualquier otro encuentro de la temporada, incluidos los partidos «del siglo» en la Liga española, que son varios y encima suelen resultar un asco. Milan y Liverpool cumplieron como señores y se propusieron divertirnos. No resultaba agradable seguir el rostro de Shevchenko después de fallar el penalti fatídico. Son cosas del negocio.