Capítulo/Semana XIII Donde nos enteramos de los orígenes de la caballería andante y asistimos a un entierro en el que se incumple la voluntad del finado en aras de la lírica.
27 mar 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Vamos al entierro de Grisóstomo. Por el camino se une a nosotros un grupo formado por seis pastores de luto -negras las pieles y en la cabeza coronas con guirnaldas de ciprés- y dos caballeros a caballo, como su nombre indica. Uno de los montados, que se llama Vivaldo, pregunta a don Quijote por su armamento y su armadura. Este, ya se sabe, responde que si bien es un hombre modesto, ejerce el oficio de caballero andante, para el que no sirven los blandos cortesanos. El hombre quiere entonces saber más de la profesión de caballero. El de la Mancha se asombra de tanta ignorancia. ¿No conocen esos hombres al rey Arturo, también llamado Artús, famoso héroe de la Gran Bretaña que, como un personaje de Cunqueiro, en vez de morir se convirtió en cuervo, y que ha de volver para ocupar su trono, razón por la que los ingleses no matan cuervos? ¿No conocen la Tabla Redonda, ni los amores de Lanzarote con la reina Ginebra (a la sazón esposa del cuervo antes citado y, por tanto, un poco ligera de cascos)? Bueno, pues allí nació todo. Luego vinieron Felixmarte de Hicrania, Tirante el Blanco, Belanís de Grecia y el propio don Quijote, aquí presente. Vivaldo, entretenido con aquellas locuras y para hacer más corto el camino al entierro, alaba el oficio de los caballeros, que compara para mejor con el de cartujo. La diferencia es que mientras los frailes piden al cielo el bien de la tierra, los caballeros se aplican en la labor de imponerlo por la fuerza. Lo que al viajero no le parece bien es que cuando acomete la batalla un caballero no se encomienda a Dios, sino a su dama. ¡Ah! Se siente. Eso es costumbre del gremio y no se va a cambiar ahora. Además, en el transcurso de la lucha hay tiempo para todo. Si, si, dice el hombre, ¿pero y si no lo hay, eh? Además, caballeros habrá que no tengan dama. ¡Ah, no! Por esa don Quijote sí que no pasa. Todo caballero es enamorado por definición. Preguntado entonces por el nombre de la suya dice que Dulcinea del Toboso de la Mancha, linaje nuevo, es cierto, pero, como se dice ahora, de gran proyección. En esto estaban cuando vieron descender de los montes hasta veinte pastores ataviados también de luto, y que llevaban en una camilla, cubierto con flores y ramos, el cuerpo de Grisóstomo. Uno de ellos, el amigo Ambrosio, habló a los presentes de la bondad del muerto y de la crueldad de la homicida (la ya famosa melindrosa Marcela), y aunque llevaba con él los papeles en que el amante escribiera sus versos de amor, para quemarlos en cumplimiento de sus deseos, entre todos lo convencen para romper la promesa, como hacen siempre los herederos de los escritores. Y allí, de cuerpo presente, comenzaron a leer. ?