Feros y Gelabert creen fundamental entender el contexto en que se escribió el «Quijote» Afirman que su gran obra nace de su desengaño por el declive de España
22 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.«No se puede entender el Quijote sin entender el periodo, el contexto histórico, la vida y aventuras de su autor, don Miguel de Cervantes». Pero «se puede leer y disfrutar sin necesidad de saber absolutamente nada sobre el periodo histórico en que fue escrito». Así lo aseguran Antonio Feros y Juan E. Gelabert, ambos nacidos en Santiago de Compostela, que han dirigido el libro España en tiempos del Quijote (Taurus), que se presenta hoy en Madrid. Se trata de una obra colectiva en la que además de ellos dos escriben los grandes especialistas John H. Elliott, Roger Chartier, Fernando Bouza, Georgina Dopico, Jean-Fréderic Schaub. I.A.A. Thompson, José Ignacio Fortea y Bernard Vicent. Feros es profesor de Historia en la Universidad de Pennsylvania y ha publicado libros como El Duque de Lerma: realeza y privanza en la España de Felipe II. Gelabert enseña Historia en la Universidad de Cantabria y es autor, entre otros, de La bolsa del rey. «Nuestro objetivo es poner a disposición del público en general lo que en los últimos años se ha aportado de nuevo al conocimiento del mundo histórico en el que vivió Cervantes y explicar cómo le influyó en su creación», asegura a La Voz Juan Gelabert. «En vez de un recetario de notas a pie de página para comprender el Quijote hemos querido mostrar qué pasaba en la economía, la política, la cultura y la sociedad de la época», añade. «Quizá sus historias y sus personajes sean universales y atemporales, pero desde luego fueron creados, y sólo pudieron ser creados, en un momento histórico determinado, el que va desde 1570 hasta la muerte de Cervantes en 1616», afirman los directores. Un tiempo y una sociedad «complejos» en el que existía «un cierto pesimismo sobre el futuro de la monarquía», que los historiadores gallegos describen como de inquietudes, ansiedades, de fracasos, de peste y carestías, de corrupción, de temores, de crisis, de pérdida de la influencia política, de explotación y colonización, de violencias y crueldades. Pero, al mismo tiempo, también de esperanza, de ilusión, de reforma, de diálogo entre culturas y sociedades, de creación de nuevos géneros literarios, de paces y treguas, de replanteamientos de las relaciones de poder entre el centro y las ciudades, de discusiones sobre cómo restaurar el poder de España. Gelabert coincide con quienes han dicho que el Quijote es un «libro de desengaño», el que sintió un soldado que sirvió a la monarquía y asistió a su declive con la catástrofe de la Invencible, que le marcó mucho. «Algunos creen que por eso Cervantes escribió ese libro desencantado», afirma. Feros recuerda que Cervantes aludió en el Quijote a lo que él y muchos de sus contemporáneos veían como «la tríada que sustentaba la existencia de España: Dios, Patria y Rey». Y consideraba que esos tres elementos debían estar bien conectados entre sí como polos de obediencia.