La última escena de C-3PO

Paul Majendie DATA

TELEVISIÓN

Anthony Daniels, el actor que encarna al robot metálico de «La guerra de las galaxias», acaba de rodar su última toma en la película que pone fin a la saga de George Lucas

12 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Al decir adiós al robot dorado después de casi treinta años, Anthony Daniels derramó una lágrima nostálgica por el criado mecánico que cambió su vida. «Oh, sí, hubo lágrimas. Fue un adiós muy emotivo», dijo Daniels acerca de su última escena como C-3PO, el androide que se convirtió en un icono de las películas de La guerra de las galaxias . Su última escena en la sexta y última película de la serie de George Lucas no tuvo ningún tipo de magia embriagadora para el actor. Los efectos digitales se encargan de eso. «Acabé el rodaje de la última película la semana pasada. Para la última toma, tuve que caminar por un pasillo azul dejando atrás un fondo azul y hablando con alguien que no estaba allí», explicó el actor. La venganza del Sith llegará a las pantallas el próximo mes de mayo y completará la trilogía de filmes anteriores al trío de películas original, que cuentan la historia que había detrás de aquella batalla entre el bien y el mal en una galaxia muy lejana que triunfó en los 70 y 80. Para Daniels, no es ningún secreto decir cuál es su favorita de las seis películas. «La primera conectó con todo el mundo. Todavía funciona como una película divertida y brillante. Todavía tiene vida», dijo acerca de los filmes. Cuando Lucas decidió remontarse atrás en la historia de Anakin Skywalker, Daniels no lo tuvo tan claro. «La devoción de George por los efectos digitales descompensó los filmes. Demasiados personajes virtuales hacen que la historia quede sometida», afirma. Para Anthony Daniels, de 58 años, intepretar a un robot pesado que suena como un remilgado mayordomo inglés transformó su carrera. «Él me abrió el camino hacia esa extraña clase de inmortalidad. La gente le tiene mucho cariño y su imagen me ha perseguido por todo el planeta», dice, mientras recuerda la incomodidad de pasearse por el desierto tunecino con su uniforme metálico para hacer historia del cine. Aunque los críticos siempre han admirado la buena sintonía que existió entre C-3PO y R2-D2, para Daniels no fue lo mismo: «Estaba hablando conmigo mismo todo el tiempo. Fue una experiencia muy solitaria. Estaba encerrado en una caja y tenía un amigo que no hablaba conmigo».