AL MEDIODÍA del lunes, los informativos generalistas optaron por sacar la imagen extraída de la Red, en la que un encapuchado situaba su pistola en la nuca de un ciudadano turco al que previamente habían secuestrado. La noticia estaba en que su verdugo lo había ajusticiado en nombre de Alá. Al grito de «Alá es grande», el miembro de Al Qaeda se llevó por delante la vida de un vecino, en el supuesto de que el gatillero fuera iraquí. Otra barbarie más consecuencia de otra barbarie previa, la guerra de Irak. En realidad la imagen no sorprendía porque llevamos varias semanas asistiendo al macabro espectáculo de rehenes amenazados y degollados. Pero lo más sorprendente fue la opción elegida por Telediario 2 (La Primera), que emitió la terrible secuencia en su integridad. De esos momentos en los que la piel se eriza y el pasmo te invade. Por una parte, el debate moral sobre la conveniencia de emitir esas imágenes y, por otra, la constatación de que aquello se les va de las manos a uno y otro bando. La secuencia del verdugo accionando el gatillo y rematando a su víctima es un macabro suma y sigue que dura ya demasiado. Un mazazo que tampoco favorece al Islam, una cultura que en Occidente está deteriorando injustamente su imagen. En lo subliminal, esa nuca y ese tiro constatan que aquello debe acabar de una vez.