La vocalista norteamericana ofreció en Galicia un único concierto marcado por la intensidad de sus interpretaciones
01 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Intenso, ma non troppo . Cassandra Wilson, una de las divas americanas del jazz, quizá la de voz más cavernosa y profunda, como sus orígenes sureños (Jackson, Misisipi, 1955), desconcierta. En su primera y única actuación en Galicia, anteayer, en el Centro Cultural Caixanova de Vigo, la estrella parecía asomarse al escenario ya en trance emocional, aunque vocalmente le costó más calentar la garganta. Hacer irreconocibles las versiones de otros artistas puede convertirse en negligencia, o ser una virtud, como en este caso. Así, Wilson se coloca con el micro y reinventa composiciones de Willie Nelson, Sting, Bob Dylan, Muddy Waters o Abbey Lincoln, y a sus músicos se les pega esta capacidad. Se intuye, al menos, el Sign of the Times de Prince, porque Cassandra Wilson y su banda navegan con facilidad y soltura por el jazz, el blues y más allá. Cassandra, pies desnudos, sensual en su interpretación, concienzudamente vaga en su fraseo, dejó en manos de sus instrumentistas gran parte del concierto, y ese peso fue el que más pesó, como una losa, en el caso del temible e interminable solo de batería (del que tanto disfrutan los torturadores de las baquetas). Hasta parecía que la ejecutora , Terri Lyne Carrington, era consciente de ello y miraba hacia bastidores esperando (¡socorro!,) la vuelta de sus compañeros. Momento de gloria Cassandra, afortunadamente, regresó acompañada de Jeffrey Haynes (percusión), Gregoire Maret, (armónica), Brandon Ross, (guitarra) y Reginald Veal, (contrabajo). Todos tuvieron su momento de gloria. Haynes, dándole al cajón con arte mientras Wilson, con buena voluntad, rasgaba la guitarra. Maret, impresionante con la armónica. Ross, como los genios, dando bandazos entre la obra maestra y el desastre, o Veal, que acusó en su momento virtuoso la peor parte de los fallos de sonido que se produjeron en momentos del recital, aunque el público arropó siempre con calor la visita de la americana. Los bises llegaron sin esfuerzo para una audiencia agradecida por recibir tanto talento, aunque sea a medio gas.