Dos libros revelan las claves eróticas de mujeres heterosexuales y gais, que coinciden en destacar la juventud, el buen físico y la libertad de los varones que les gustan
03 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.El hombre como objeto deseo es el punto de arranque y encuentro de dos libros de reciente publicación. En uno de ellos, Dímelo al oído (Temas de hoy), las periodistas Sonsoles Fuentes y Laura Carrión se han servido de Internet -el cuestionario sexual para mujeres de su página web www.hazloporti.com continúa recibiendo respuestas- para ofrecer una sorprendente panorámica de pensamientos libidinosos en clave femenina. En la acera de enfrente (nunca mejor dicho) se sitúa el último ensayo del escritor Francisco Ors, El encanto masculino (Odisea Editorial), una poliédrica -y a ratos autobiográfica- reflexión sobre la condición homosexual. Ambos títulos coinciden en varios puntos, como por ejemplo en el atractivo del hombre joven, el muchacho que inyecta vida a la sexualidad madura, un mito que persiste tanto en el imaginario femenino como en el de los gais. «Asur tiene treinta y un años, yo galopo hacia los setenta, y Asur se manifiesta enamorado de mí. Lo demuestra con gestos, con caricias, con hechos», asegura en su último libro Francisco Ors, también autor de la escandalosa obra teatral Contradanza , una oda a la homosexualidad que ha recorrido los escenarios de medio mundo, desde Nueva York hasta Tokio. Las mujeres encuestadas por las periodistas Fuentes y Carrión también sienten la llamada de la juventud, aunque con algunas reservas. «Me gustan los hombres mucho más jóvenes que yo, pero no los babies . Que tengan cierta experiencia sexual y en la vida, que sepan lo que quieren», confiesa una traductora de 45 años. Otro paralelismo entre hombres homosexuales y mujeres heterosexuales es su tendencia a recrearse en la descripción física del objeto de deseo, preferiblemente un machote al estilo mediterráneo. Ors se refiere en su libro al «deslumbramiento por la estética del macho» que reflejan los versos de Federico García Lorca. El poema Muerte de Antoñito el Camborio, incluido en el Romancero gitano que escribió entre 1924 y 1927, resulta elocuente a este respecto: «Moreno de verde luna / anda despacio y garboso. / Sus empavonados bucles / le brillan entre los ojos». También a las mujeres que han confesado sus motivaciones eróticas en Dímelo al oído les seduce este tipo de hombre. «Mi amante tiene que ser pasional, que mida más de 1,80 metros y que sea el típico morenazo latino que sólo con verlo me de morbo», declara una chica de 24 años. Franqueza Los prefieran jóvenes o maduros, viriles o delicados, lo que queda claro es que gais y mujeres aprovechan con entusiasmo una libertad sexual que hace algunas décadas hubiera sido inconcebible. En el trabajo de Fuentes y Carrión, adolescentes y cincuentonas hablan de su vida sexual con una franqueza que haría estremecerse a sus abuelas (de escándalo o de envidia, quién sabe). «De mi primer novio destaco la imaginación, de mi ex marido su interés por la pornografía y los objetos de sex shop, y de mi pareja actual, la experiencia», enumera sin reparos una bibliotecaria de cuarenta años. Ors, por su parte, asegura que muchos gais disfrutan, tras largos años de represión, de un «sexo frondosísimo, omnipresente y superabundante».