AHORA SE les da por el humor porque la gente necesita soltar lastre y nada mejor y más barato que la risa. De hecho hay quien sostiene que la tele solo tiene sentido si se dedica a la evasión, y en su nombre las parrillas cometen tropelías a go-gó. Ahora bien, el humor también satura si no se administra con inteligencia. A los fabricantes españoles de sitcom se les da por la familia. Un sarampión aqueja a las generalistas, empeñadas en comerse a la audiencia con ganas de cachondeo. Ana y los 7, Los Serrano, 7 vidas, Aquí no hay quien viva, Casi perfectos , y desde el domingo, Mis adorables vecinos . Demasiado. Productoras y guionistas creen haber dado con la piedra filosofal del éxito, cuando en realidad se está procediendo a una clonación que oculta una preocupante crisis de ideas. Personajes antagónicos en la piel de acreditados actores de comedia, sometidos a un proceso abrasivo que acabará quemándolos como la pipa de un indio. La ficción que ahora se factura en España carece de riesgo. Arriesgar es facturar productos como As leis de Celavella (TVG), y si me apuran El comisario (Telecinco). Pero sobre todo made in USA como A dos metros bajo tierra, Los Soprano, El ala oeste de la Casa Blanca, C.S.I. o Sexo en Nueva York . Ahí hay chicha. Decir que hacemos sitcom por cuestión de costes suena a chorrada.