El artista inauguró ayer en Vigo una exposición integrada por cuarenta obras El humorista presenta su faceta menos conocida aunque la más antigua
10 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Cuando Moncho Borrajo no se sube a los escenarios para hacer reír, se mete en su estudio para pintar. Y no mezcla nunca ambas facetas. Aunque la más conocida del ourensano-vigués es la de humorista, lo cierto es que su trayectoria como artista plástico es mucho más antigua que su pasión por el espectáculo. Estudió la carrera de arquitectura en Valencia y luego siguió interesándose por las Bellas Artes por su cuenta. En los 70 hizo su primera exposición coqueteando con el pop y el postcubismo y ahora se deleita en la geometría. Borrajo inauguró ayer en Vigo una exposición de obras que no chirriarían al lado de otras de estrellas del pincel con muchos ceros a la derecha en sus listas de precios. Planos y contrapuntos es el título de la muestra integrada por cuarenta obras sobre lienzo y papel. El autor no está en absoluto en la línea del genio taciturno al que no hay forma de arrancarle una frase sobre el sentido de su trabajo. Al contrario, a Moncho Borrajo hay que pararle los pies. La serie de cuarenta obras que presenta, según contó, están inspiradas en el arte oriental y en el zen. Ninguna de ellas lleva título porque piensa que es una forma de limitar la imaginación del espectador, pero ofrece pistas de lo que a él mismo le inspiran. Por ejemplo, asegura que algunos de sus cuadros «si se observasen desde el aire son como fotografías de un jardín zen». Metódico Borrajo se desdobla ante un caballete: «Soy muy metódico. De hecho, cuando me dedico a pintar soy la antítesis del Moncho cómico. El arte es mi otro yo, mi parte tranquila, serena e íntima del Moncho espiritual, el que reza».