El actor protagoniza junto a Mercedes Sampietro la historia de un infierno matrimonial La obra de Strindberg, dirigida por Mercedes Lezcano, se presenta en Vigo y A Coruña
21 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.José Sacristán cuelga la chaqueta del profesor Higgins del musical My fair lady y se enfunda el traje de un militar incapaz de conseguir un ascenso, casado con una modesta actriz teatral a la que da vida la nueva presidenta de la Academia de Cine, Mercedes Sampietro. En Danza Macabra , la obra de August Strindberg con la que ayer comenzaron en Vigo una minigira por Galicia, ambos actores se convierten en un matrimonio que, tras 25 años de convivencia, no tienen nada que decirse. «Es una gimnasia estupenda porque después de salir del musical brillante, luminoso y multitudinario, esta cosa íntima, profunda y con sus sabores un tanto agrios, es un ejercicio formidable. Viene muy bien porque así no te acartonas. Es una suerte el poder demostrarle al público las variantes de mi oficio», explica Sacristán. Sobre las tablas, la pareja vive en un continuo reproche, un infierno conyugal que no deja nada bien parado el matrimonio, aunque el actor matiza que «la mirada de Strindberg profundiza más allá de la crítica a la institución. Una de las maneras de relacionarse de los humanos es casándose, pero también está la amistad, la solidaridad, o la lealtad, y lo que el autor pone en cuestión es la dificultad de poder entendernos y de confiar los unos en los otros». En todo caso, el veterano intérprete asegura que la pareja que se retrata no anda muy lejos del escenario. «¡Las hay a punta de pala!. Hay muchísimos matrimonios que están mucho peor que los de la función y ahí andan, disimulando, ¡que los conozco yo!, ¡vamos, que los conozco muy bien! Y no voy a cargar las tintas en cuanto a la tragedia y lo sombrío de estos personajes, ¡no, no, no! Lo que ocurre en escena es mucho más cotidiano y normal de lo que muchos quieren reconocer». Sacristán apunta que muchos cónyuges podrían mirarse de reojo en las butacas, «¡Pero cómo! ¡perfectamente reconocidas en esta historia!».