La muestra, inaugurada ayer, reúne 54 piezas de los momentos más fructíferos del artista En la selección aparecen también esculturas figurativas de la primera etapa del creador
05 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.La entrada de la sala de exposiciones del Museo de Arte Contemporáneo de Unión Fenosa en la que está expuesta la obra del escultor vasco Jorge Oteiza se encuentra custodiada por un panel de madera de color rojo, «inspirado por la bufanda que lleva el artista», según explica Antonio Niebla, comisario de la exposición, inaugurada ayer por el presidente de Unión Fenosa, Antonio Basagoiti y que permanecerá en A Coruña hasta finales de enero. Es fácil contrastar las declaraciones de Niebla, pues enfrente, sobre la pared, cuelga un marco con una fotografía de Oteiza con su mirada de hombre bondadoso, boina vasca y bufanda roja. Después de superar esta estancia, se abre un campo de esculturas que marcan los momentos más fructíferos del escultor. «Hemos querido recoger piezas selectas que plasman los inicios del artista así como su evolución posterior», afirma Niebla. La exposición Oteiza, el espacio sagrado , título elegido para bautizar la exposición del creador vasco, está integrada por 54 de sus mejores esculturas, incluidas varias obras nunca expuestas con anterioridad. En la muestra se pueden contemplar también ejemplos de desocupación de la esfera, cajas metafísicas y otras del laboratorio de tizas -llegó a hacer hasta 2.000 piezas con tiza que después pasó a diferentes materias-. La exposición la completan esculturas figurativas del primer Oteiza, así como alguna estatuaria para la Basílica de Aránzazu. «Algunas de estas esculturas pasaron diecisiete años tiradas en tierra», precisa Niebla. Divino y polemista Antonio Niebla resaltó la genialidad del artista aunque destacó más bien su lado polémico. «Era un artista excepcional. Pero se le reconoce más por su réplicas que por su esculturas y por sus artículos incendiarios», afirmó Niebla. Su naturaleza de provocador le llevó a un enfrentamiento con Eduardo Chillida, cuando publicó en 1992 un libro en el que le acusaba de plagio. Polémica que acabó, según explicó el comisario de la exposición, en «un efusivo abrazo». En el fondo, recalcó Niebla, se admiraban profundamente. El comisario de la muestra destacó también el sitio que se atribuyó al escultor al que Frank Ghery, arquitecto del Guggenheim, bautizó como el Picasso de la forma.