Los arquitectos denuncian la utilización de la ciudad como «bien de cambio»

Javier Armesto Andrés
Javier Armesto REDACCIÓN

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Hoy se celebra el Día Mundial de la Arquitectura, que reivindica el papel social y cultural de las urbes Los profesionales gallegos critican la especulación y destacan siete grandes edificios

05 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Santiago (1968). El arquitecto, Fernando Moreno Barberá, salva el desnivel con diferentes volúmenes relacionados entre si. La composición de la fachada a base de módulos prefabricados de hormigón, inspirados en la arquitectura del finlandés Alvar Aalto, garantiza buena iluminación de los espacios docentes. El edificio ha sufrido varias modificaciones. Ourense (1967). Proyectada por Javier Suances, esta obra de arquitectura sencilla pero vigorosa utiliza un lenguaje formal que tiende a generar espacio dentro del espacio, meditación y recogimiento. Los materiales (hormigón y amplios paños de cristal con carpinterías de aluminio) dan respuesta a la sobriedad demandada por la orden. Lugo (1969). Lo más destacable de este edificio de los hermanos Efrén y José Luis García Fernández es su implantación en un ámbito especialmente delicado. El prisma de vidrio bajo la bóveda -la mayor de España de hormigón armado-, que se funde con el contorno, vuela en la fachada sobre un basamento pétreo de lajas de losas de forma armoniosa. o Vigo (1970). Está formada por una gran lámina plegada de hormigón de 888 metros cuadrados que se apoya lateralmente en el suelo, dibujando grandes ventanales triangulares por los que se filtra la luz. Un año después su autor, Antón Román Conde, propuso la misma solución para la iglesia de San Paio de Navia , también destacada por el COAG. Este complejo de edificios, proyectado por el arquitecto Antonio Cominges Tapias, ha sido la obra elegida por la delegación de Pontevedra del COAG con motivo del Día Mundial de la Arquitectura. Su aspecto actual data de 1791, al acabar los trabajos de reconstrucción encargados al ingeniero Eustaquio Giannini. Los arquitectos recuerdan su gran potencial monumental, que debe generar espacios y ámbitos urbanos adecuados. Inaugurado en 1980, este edificio de Alberto Campo Baeza se ha convertido en uno de los símbolos de la localidad. Con un lenguaje sencillo, racional y singular, la obra constituye un ejercicio de rigor y sobriedad formal. El Colegio Oficial de Arquitectos de Galicia (COAG) celebra hoy el Día Mundial de la Arquitectura, bajo el lema Festejando la ciudad . Con este motivo ha señalado siete edificios y su autor en otras tantas localidades gallegas. El objetivo es reivindicar «el papel social y cultural que las ciudades desempeñaron en nuestra historia, frente a la idea empobrecedora de la ciudad como bien de cambio». La decana del COAG, Teresa Táboas, explica la idea: «El espacio urbano es muy amplio, en él se desarrollan las relaciones comerciales, culturales y sociales. Pero aunque no se puede obviar que la ciudad es mercado, lo que no debe olvidar la sociedad es que también es arquitectura; arquitectura como experiencia tridimensional y arte de articular esas relaciones», indica. Táboas hace referencia a la especulación inmobiliaria, pero no quiere señalar con el dedo a ninguno de los colectivos (promotores, constructores, políticos, los propios arquitectos...) que la fomentan. «La culpa es de la propia sociedad en general -afirma-. Estamos viviendo un momento en el que todo va muy rápido y no hay tiempo de pensar con calma qué ciudad queremos. Cuanto mejor sea el planeamiento urbano, mejor serán los espacios para habitar y convivir». Sí hace una crítica clara hacia el tipo de vivienda que se está construyendo. En la actualidad, el 30 por ciento de las familias están formadas por una sola persona, pero la mayoría de los pisos son de tres y cuatro dormitorios. Cada vez hay más gente que trabaja desde su propia casa, pero no se habilitan espacios para que puedan realizar su actividad. «La vivienda que se oferta no responde a las necesidades de la sociedad. No se puede proyectar el mismo tipo de vivienda que hace veinte años», dice Táboas.