Savater complementa su autobiografía con un curso sobre sus libros en la UIMP

Iñigo Herraiz SANTANDER

TELEVISIÓN

Recorre los géneros que ha tocado, desde filosofía a periodismo, pasando por la novela El escritor donostierra publicará a finales de este año un ensayo sobre la libertad titulado «El valor de elegir»

25 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

La Autobiografía razonada que Fernando Savater publicó este año recogía, en palabras de su propio autor, su vida, sus relaciones, sus afectos, sus esperanzas y sus intervenciones políticas, pero no hablaba de sus libros. El curso Mis principales libros: mi otra autobiografía, que el escritor y filósofo donostiarra imparte esta semana en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), pretender llenar ese vacío. A la hora de escribir su autobiografía, Fernando Savater consideró mucho más importante incluir sus lecturas que los libros que él había escrito. Pero ahora no ha querido dejar pasar la oportunidad que le brinda la UIMP para explicar por qué ha escrito estos libros y no otros, hablar de los géneros que ha tratado (narrativa, filosofía y periodismo) e «intentar buscar la justificación de esa obra y de su evolución a lo largo del tiempo». Intenso recorrido El recorrido que ha trazado parte de una reflexión sobre como su «pasión predominante», la lectura, que le llevó a la escritura y se tradujo en una «vocación radical, una especie de anarquismo metafísico». Describirá después como fue desarrollando un pensamiento ético basado en el amor propio y la alegría; pasará también por «las compensaciones y limitaciones del periodismo», sin dejar de lado el tema educativo, tan presente en obras suyas como Ética para Amador o Política para Amador. Por último, tiene previsto hablar de sus obras de ficción. Origen de su vocación Savater comenzó a escribir porque era lo más próximo a lo que más placer le daba, que era la lectura. Reconoce además que no tenía ningún tipo de habilidades especiales: «no era guapo, ni ágil, pero no se me daba mal escribir y era una oportunidad para escapar de la mediocridad». Aunque asegura que nada hubiera sido posible sin la colaboración de Franco que, al echarle de la universidad, le obligó a ganarse la vida con la escritura. «Hasta los dictadores tienen cosas buenas», ironizó. El filósofo vasco reflexionó también en torno a la figura del intelectual, «una persona que tiene un acceso privilegiado al espacio público» y que debe ser muy consciente de la responsabilidad que esto supone.