Blur suma talento y emoción

Pablo Carballo
Pablo Carballo ENVIADO ESPECIAL| BENICÀSSIM

TELEVISIÓN

Crónica | Primera noche de conciertos

09 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Salió al escenario grande de Benicàssim Damon Albarn, ojos claros, sonrisa a punto, presencia magnética, y se puso a producir música con su gente de siempre, o sea, Blur, con tanta alegría en el cuerpo que el contagio fue inmediato. La banda inglesa, antaño contrapeso de Oasis en el fulgor del brit pop, expuso ante el público del FIB argumentos de peso para dar por consumado un giro que sin duda les ha hecho mejores. Lejos quedan los tiempos de piques con el liante Liam Gallagher; también aquéllos en los que el tirón del grupo se quedaba en la fuerza de sus hits pasajeros. Blur es un grupazo, sus canciones pertenecen a la memoria colectiva del pop-rock reciente, sea o no indie, y el viernes hizo en Benicàssim el que será uno de los conciertos recordados de la novena edición del festival. Venían precedidos Albarn y los suyos del sonido, ahora más previsible, de Placebo, trío de estética neogótica y canciones hipnóticas que no termina de cruzar la frontera que custodian los primeros espadas del género. Su cantante, Brian Molko, estuvo comunicativo y entregado a la causa en un poderoso show de formato breve, con alta carga de aditivos electrónicos y el característico martilleo oscuro que envuelve todas las canciones del grupo. La referencia Pero el guión de la jornada señalaba a Blur como la referencia de la noche, y su música dio la razón a la organización al rescatar a uno de los habituales en el festival a finales de los noventa. El grupo, ahora sin Graham Coxom, uno de sus fundadores, exhibió multitud de aristas y tonos diferentes; dosificó con inteligencia los temas de su nuevo disco, Think tank, y reinterpretó con un entusiasmo infrecuente lo mejor de su discografía. Para alborozo del personal, sonaron frescas como lechugas canciones como Song 2, The Universal, Boys and girls, Beetlebum... Damon Albarn, ese tipo creativo que se inventó de la nada a Gorillaz, ese músico abierto que bebe en fuentes africanas, explicó con música que ante todo sigue siendo el alma de Blur, y comandó un repaso memorable a un repertorio familiar para cualquiera que haya vivido en el mundo los últimos diez años.