Entrevista | Fernando Marías
15 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.En la faja que envuelve La mujer de las alas blancas (Destino) se lee: El maestro del thriller psicológico. Vuelve Fernando Marías. Una presentación con la que el autor que ganó el Premio Nadal 2001 por El niño de los coroneles dice encontrarse muy a gusto. «Me encanta esa estética, sobre todo porque me recuerda a Vuelve Batman , que es la mejor película de las cuatro». Su currículo alterna cine, televisión y literatura y sabe que su estilo le convierte en una rara avis del panorama actual. De sus maestros, Joseph Conrad y Robert Louis Stevenson ha aprendido una lección: «La imaginación no debe tener límites». -«El niño de los coroneles» le surgió leyendo un artículo sobre el régimen de Ceaucescu, ¿de dónde nace «La mujer de las alas grises?» -De un anuncio de una revista que decía 'vean cómo se divertían nuestros abuelos', y anunciaban las películas pornográficas que encargó el Conde de Romanones para la diversión de Alfonso XIII. Yo inventé una trama criminal alrededor de esas películas que hoy nos parecen, más que eróticas, marcianas. -Y le salió una novela, sobre todo, de amor... -Sí, es una novela de amor del siglo XIX pero escrita con técnica del siglo XXI. Es desmesurada, una gran novela romántica. Y es, especialmente, un homenaje a un tipo de mujer que es el que a mí más me gusta: independiente, normalmente solitaria, valiente, que sabe que viven en un mundo mal regido por hombres y que suele ver sus alas cortadas. Las cuatro protagonistas de la novela son de éstas. -En su obra hay muchos argumentos, -La estructura de cajas chinas es la misma que la de El niño de los coroneles , pero aquí añado una vuelta de tuerca que la convierte en algo novedoso. No es repetir la jugada. -Con uno de los personajes se acerca al drama del artista que no consigue despuntar. -Sí, un drama muy de nuestro tiempo es el de carecer de talento. Conozco algunas personas que quieren desesperadamente hacer obras creativas, que tienen cultura, inteligencia, medios y ganas. Y sin embargo, les falta la chista para hacer algo genial.