Palmas a ritmo de tango

La Voz C.W. | REDACCIÓN

TELEVISIÓN

CRISTINA PRIETO

Quince minutos de ovaciones, entre propina y propina, con ruidosas salvas de bravos, palmas batidas a ritmo de tango y piropos coronaron el pasado jueves la actuación de Teresa Berganza en el Festival de Música. Antes de empezar el recital, la mezzo madrileña había recibido como obsequio una réplica de la ciudad amurallada. Ella correspondió con una primicia, el estreno en Galicia -y España- de dos canciones de José María Gallardo del Rey, el guitarrista que la acompañó. Fueron dos composiciones de sólida influencia flamenca, con las que la cantante, el duende metido en el cuerpo y dueña aún de medios vocales milagrosamente poderosos, arrebató a un público que colmó la sala. Había fundada expectación. No todos los días se puede oír en Lugo a una intérprete legendaria, una de las últimas reinas del arte lírico. Los organizadores tuvieron que sacar sillas de donde no las había, para intentar colocar a la gente que hacía cola desde las siete y cuarto (el recital comenzó a las 20.45). Nada más comenzar, una Berganza imponente y sofisticada, toda de azul, dejó claro que era la dueña absoluta. En tono educado, pero firme, le dijo a una fotógrafa que terminara pronto su labor porque ella no podía empezar a cantar hasta entonces, con ese ruido. Repertorio español Superado el breve escollo, vendría la lección magistral: la identificación de la mezzo con el repertorio español, que ha paseado por los mejores escenarios del mundo, es absoluta y fascinante. Si sus medios evidencian lógicamente algo el paso del tiempo, la intérprete no ha hecho otra cosa que ganar en sabiduría, en hondura expresiva, en naturalidad. No se le escapó ni un matiz de cada canción de Fuenllana, Del Encina o Sor, llevando a cabo una ejemplar labor recreadora. En Manuel García, uno de los «padres fundadores» de la escuela de canto española, sacó a relucir toda la picardía de los textos, como sólo ella sabe, con ese desenfado propiamente castizo, pero sin perder un ápice de clase. La primera parte culminó en gran ovación. Al regreso, desgranó con finura las canciones de Lorca; piropeó a su acompañante, Gallardo del Rey, uno de los grandes de la guitarra, poniendo alma y pasión en sus canciones, y remató la faena con ese Falla que ha llevado de la mano por el mundo. Como en el regalo de Alberto Ginastera ( Canción al árbol del olvido), la mezzo logró una intensidad estremecedora, destilando emoción y complicidad. Si desde siempre ha sido una mujer con pocos prejuicios, en estos últimos años, Berganza, abierta, comunicativa, se ha despojado de los pocos que le quedaban. Así en las propinas ofreció una muestra de lo que acaba de presentar en París. Sin ceder un ápice en su estilo, ha ampliado horizontes por darse el gusto de interpretar esas canciones que la fascinaron desde niña. En la Opera Còmique parisina fueron Modugno, Lili Marlene o Bésame mucho . En Lugo dejó su versión de Chiquitín de Barchín, del gran Piazzola.